lunes, 13 de mayo de 2013

jueves, 2 de mayo de 2013

Exposición temporal «Julio Díaz»


Del 3 de Mayo al 1 de Junio

Conocí  la obra de Julio Diaz Rubio casi por azar, a través de un amigo común. Uno de esos azares medidos con que el destino suele jugar con nosotros. Me impresionó vivamente su innegable talento y ello me llevó a querer conocer más acerca de él y de su trayectoria artística.
Julio es un artista joven en plena efervescencia creativa. Nacido en Cáceres en 1984, desde su infancia sentía la necesidad de interpretar el mundo, de dibujarlo con su particular óptica, de un modo casi compulsivo lo cual le llevó a estudiar el bachillerato artístico en el I.E.S. de Cáceres y luego la carrera de Bellas Artes en Salamanca, donde tuvo matrícula de honor en pintura y en dibujo morfológico, sin que el academicismo hiciera mella en su talento libre y poderoso. Ha participado en algunas exposiciones colectivas en Salamanca, Altea y Sevilla con gran éxito.
Los dibujos  de momentos diversos  de  su  vida  son una constante. A bolígrafo o con tintas, su talento fue creciendo realizando pequeñas obras maestras que le impulsaron a seguir investigando y a desear ser un artista integral. 

Le conocí en persona con un boli en la mano y un bloc de notas donde recogía fragmento de su cotidianeidad y cuando vi sus obras mayores en su estudio pensé que era el momento de que salieran a la luz para la confrontación con el público.
Ambicioso en la composición, valiente en su temática, fuerte siempre, a veces algo torturado, bebe de las fuentes de los mejores artistas del siglo XX internacional así como de los maestros del Siglo de Oro lo cual le ha llevado a desarrollar un estilo reconocible y personal. Su pasión por la figura humana es innegable. Su deseo de retratar el alma es a veces casi doloroso. Este constante deseo de ver más allá de la apariencia lo hace sin duda uno de los mejores retratistas que ha dado nuestra tierra.
Al elegir las obras para la exposición he querido recoger una muestra de sus mejores facetas que al mirarlas en su conjunto nos dan una idea cabal del artista al completo. Las series de dibujos son excepcionalmente buenas y muy diferentes. La primera es de un onirismo casi delirante donde los escorzos, personajes e imágenes son dignos herederos de una tradición que arranca con el Jardín de las Delicias de El Bosco. Las otras dos series de dibujos  muestran el talento extraordinario del dibujante de
la cotidianeidad. Dibujos con alma, exquisitos, delicados fuertes en bolígrafo la segunda y la tercera es una serie de dibujos donde las tintas crean una atmósfera poderosa que atrapa al que lo contempla.
Sus óleos son un paso más hacia su mirada interior, hacia su modo de querer interpretar el mundo. En ellos podemos ver su fascinante modo de entrar en la realidad a través de una paleta poderosa que retrata a su familia, a sus amigos y a la mujer, que es una fascinación constante, casi dolorosa en su arte. Ajeno a un compromiso que no sea con su modo de ver el mundo, sin sus mejores obras están aún por crearse. Eso le hace uno de los talentos más prometedores de nuestra pintura regional que está llamado a alcanzar un puesto entre los grandes artistas figurativos de España.
Jose Miguel Carrillo de Albornoz Muñoz de San Pedro
Vizconde de Torre Hidalgo, Comisario de la exposición
Inauguración: Viernes, 3 de Mayo a las 19,30 horas. Acceso libre
 

La Pieza del mes. Mayo de 2013


 
 
Historia del culto y santuario de Nuestra Señora de la Montaña
Miguel Ángel Orti Belmonte. 1949 
 
Quien fuera Director del Museo de Cáceres entre 1921 y 1951, D. Miguel Ángel Orti Belmonte, publicó una serie de artículos en la revista El Santuario de la Montaña, de 1944 a 1946, en los que recogía los frutos de su investigación histórica realizada a partir del archivo documental de la Real Cofradía de la Virgen de la Montaña. El interés suscitado por los datos expuestos, una auténtica historia del culto a la Patrona de Cáceres, y la elevada demanda de los ejemplares rápidamente agotados, le llevó a reunir todos los artículos en el libro que tituló Historia del culto y Santuario de Nuestra Señora de la Montaña, Patrona de Cáceres, publicado en dos volúmenes por la Imprenta de la Diputación Provincial (1949-1950).
La obra, reeditada varias veces con posterioridad, es el principal documento bibliográfico para el conocimiento de los orígenes y el desarrollo histórico del culto a la Virgen de la Montaña en Cáceres, así como las diferentes fases constructivas del santuario, la historia de la Cofradía y la evolución de la fiesta de la Virgen a lo largo de los cuatro últimos siglos.

De acuerdo con el trabajo de Orti, el culto a esta advocación mariana comenzó bajo la denominación de Nuestra Señora de la Encarnación de Montserrat, probablemente debido a lo agreste del paisaje en que se ubicó la primitiva ermita en 1621, cuyas peñas y riscos pudieron evocar a las del santuario catalán en la devoción del promotor del culto, Francisco de Paniagua, natural de Casas de Millán. La fiesta de la Virgen se celebraba el 25 de Marzo, día de la Encarnación, y desde los primeros años tuvo el carácter de fiesta campestre, con roscas y frite que se consumían en la explanada que hoy ocupan la Casa de Ejercicios Espirituales y el aparcamiento del santuario, rodeada de lo que era un bosque de castaños, pinos y encinas, hoy desaparecido.

En cuanto a la imagen de la Virgen, Orti fecha su talla entre 1620 y 1626, probablemente por un imaginero sevillano. Sostiene que la imagen actual es la primitiva y original, en contra de las afirmaciones de Publio Hurtado, que identifica la primera talla con la que se conserva en el Convento de San Pablo argumentando que la del santuario sería una segunda encargada en 1641; Orti se basa para negarlo en la documentación existente y en que en esta última fecha ya era conocida como Nuestra Señora de la Montaña, mientras que la imagen del santuario lleva una leyenda en la peana que la identifica como Nuestra Señora de Monserrate, lo que demostraría haber sido realizada antes de la fecha propuesta por Hurtado.
La imagen de la Virgen bajó a Cáceres por vez primera el 3 de mayo de 1641, con motivo de unas rogativas para aliviar la terrible sequía que padecían los campos; así, durante los siglos XVII, XVIII y XIX se suceden las bajadas sin fecha fija y siempre motivadas por episodios de sequía o epidemias. La Virgen de la Montaña no es declarada Patrona de Cáceres hasta 1906, fecha en que inicia las bajadas periódicas a la ciudad, cada cuatro años al principio y anuales desde 1945, y en que se traslada su fiesta al primer domingo de Pascua de Resurrección, si bien desde 1975 ha quedado fijada en el primer domingo de mayo.

El libro que elegimos como pieza del mes fue donado a la biblioteca del Museo de Cáceres por su autor, en la época en que fue su Director.