lunes, 1 de diciembre de 2014

La Pieza del mes. Diciembre de 2014



Tesorillo de Garciaz
Guerra de la Independencia (1808-1814)
Oro y plata

 












La acumulación de metales nobles como el oro y la plata, tanto en forma de monedas como de joyas, ha sido una práctica habitual a lo largo de la Historia. Su conservación como valor seguro ha dado lugar a su atesoramiento y ocultamiento en tiempos de inseguridad. Antes de que existieran los bancos tal y como los  conocemos hoy en día, la  preocupación de  los propietarios  era que  su riqueza estuviera a buen recaudo, sobre todo en momentos de amenaza y guerra para evitar su saqueo por las tropas o su requisamiento por la autoridades.

En numismática se denominan tesoros a los conjuntos de monedas formados y ocultados intencionadamente por su dueño, que tenía la intención de recuperar pero no lo logró. Normalmente al desaparecer el motivo que había motivado su ocultación la mayoría de los tesoros eran recuperados por sus propietarios o familiares que volvían a poner en circulación las monedas.
El tesorillo de Garciaz está compuesto por catorce monedas de oro y plata de los reinados de Carlos III y Carlos IV, acuñadas tanto en España, Madrid y Sevilla, como en las colonias americanas de México y Lima.  Las monedas del reinado de Carlos III son dos monedas de oro de un escudo de 1780 y de 1781, y en lo que respecta a la plata tres monedas de reales de a dos de 1772, 1780 y 1786. De Carlos IV, dos monedas de un escudo de 1782 y 1807, tres reales de a dos de 1793, 1795 y 1801 y cuatro reales de a ocho de 1801, 1802, 1803. El real de a ocho, también llamado duro y peso, era la moneda fuerte de la época. Tenía un valor alto y su aceptación fue universal pese a no ser de curso legal fuera de los dominios españoles, llegando a circular con normalidad en las colonias inglesas de Norteamérica o en Shangai, China.
 
La fecha del ocultamiento viene dada por la moneda más moderna de todo el conjunto, el escudo de Carlos IV de 1807, pudiéndose establecer la fecha de su escondite a partir del levantamiento del 2 de mayo de 1808 en Madrid,  momento del inicio de la guerra. Los franceses dominaban las ciudades cacereñas pero en el mundo rural el impacto de la invasión provocó una guerra de guerrillas contra los invasores. El clima de anarquía y de inseguridad generalizada durante la guerra propició la ocultación del dinero, que en muchos casos como ocurrió en Garciaz nadie pudo recuperar. Fue en enero de 1964 cuando los niños Saturnino Flores Crespo y Manuel Blázquez Pizarro lo descubrieron escarbando en el patio del colegio construido sobre el lugar original de la ocultación por un vecino de Garciaz, que tal vez murió a manos de los franceses. 
 

lunes, 10 de noviembre de 2014

Conferencia. 13 de noviembre

Una aproximación al Patrimonio Histórico y Artístico de Ceclavín, de la mano de un excelente conocedor, el profesor, investigador y miembro de la Asociación "Adaegina" Amigos del Museo de Cáceres, D. Fernando Claros Vicario.



sábado, 1 de noviembre de 2014

La pieza del mes. Noviembre de 2014




Lápida funeraria
Pizarra
Cáceres, 1852

Como es bien sabido, hasta principios del siglo XIX, la mayor parte de los enterramientos se efectuaba en las iglesias, tanto en su interior como en los cementerios que las rodeaban; esto provocaba serios problemas de higiene y olores pestilentes que retraían a los fieles de su participación en el culto. En 1787, una Real Cédula dada por el rey Carlos III ordenaba la creación de cementerios ventilados extramuros de las ciudades, pero no comenzó a aplicarse de manera sistemática hasta después de la Guerra de la Independencia (1808-1814) en parte por las limitaciones presupuestarias de los municipios y también debido a la resistencia de muchos ciudadanos que seguían prefiriendo enterrar a sus difuntos en los templos.

En la ciudad de Cáceres se llegó a proyectar un camposanto en el entorno de la ermita de los Santos Mártires, donde hoy se alza la Plaza de Toros, pero el primero que entró en funcionamiento fue el cementerio del Espíritu Santo, junto a la ermita de la misma advocación, del que hoy sólo queda el arco que le daba entrada. La actual necrópolis municipal comenzó a utilizarse en el año 1844 dependiendo de la Junta de Beneficencia, inaugurándose con el traslado de los restos de Don Juan Durán de Figueroa y Doña Isabel Vaca, fundadores del convento de la Concepción, donde habían estado enterrados hasta su ruina, causada por la Desamortización. En 1896, el camposanto pasó a depender del Ayuntamiento, quedando hoy bajo la advocación de Nuestra Señora de la Montaña, patrona de la ciudad.

El cementerio municipal queda configurado en sucesivos patios, cuyo número va ampliándose con el tiempo, organizados en torno a una capilla presidida por una imagen de la Virgen de la Estrella. En el centro de los patios, se encuentran los panteones de las familias más pudientes de la ciudad, mientras que los muros perimetrales acogen los nichos en que descansan los difuntos de las clases medias; los enterramientos más humildes, sin lápidas ni cruces, se agolpan en los espacios libres en el interior de los patios.

Son minoría las sepulturas “perpetuas” que han llegado hasta nosotros desde los inicios del camposanto, ya que pasados unos años, los enterramientos temporales eran vaciados y los restos echados a la fosa común. En estos casos, las lápidas eran troceadas para aprovecharlas en el pavimento del propio cementerio o vendidas para distintos usos; así es como ha llegado hasta nosotros la inscripción que exponemos como Pieza del mes, encontrada casualmente y entregada al Museo por D. Agustín Fondón Zorita en 2010, en el interior de la pared de una casa que estaba siendo rehabilitada en la calle Hornillos; la piedra se había utilizado para tapar un  hueco que acogía una jarra de loza de Manises tapada con corcho y sellada con pez, en cuyo interior se halló una chapa de cobre alusiva a una reforma sufrida por el mismo inmueble en 1883, de manera que podemos deducir que el nicho mortuorio que sellaba esta lápida debió estar en uso unos treinta años como máximo.

La inscripción se refiere a la difunta, una párvula de cuatro años de edad llamada Ceferina Álvarez que murió el 2 de junio de 1852; como se sabe, en el siglo XIX la mortalidad infantil es muy elevada en la provincia de Cáceres, con zonas en que sólo la cuarta parte de los nacidos superaba el primer año de vida y poco más de la mitad llegaba a su quinto aniversario. Esta situación sólo comenzó a mejorar de forma ostensible en las primeras décadas del siglo XX, y muy especialmente tras la guerra Civil de 1936-1939, merced a los avances médicos y a la mejora de la higiene y la alimentación.

jueves, 30 de octubre de 2014

Io Saturnalia!




Navidades romanas en familia

El Museo de Cáceres, en colaboración con la Asociación Adaegina Amigos del Museo de Cáceres, organiza las Jornadas Io Saturnalia! Navidades Romanas en Familia. Están dirigidas a niños de entre 6 y 12 años acompañados por sus familiares adultos. Se celebrarán durante los fines de semana de las vacaciones escolares de Navidad (del 20 de diciembre al 4 de enero).
Durante dos días, niños y mayores se convertirán en ciudadanos romanos y vivirán la recreación de la festividad romana de Saturnalia, jugando, disfrazándose, comiendo y haciendo los regalos típicos de esta fiesta,  descubriendo  así las similitudes con nuestra celebración navideña.
Para participar en estas Jornadas, las familias interesadas deberán inscribirse previamente en uno de los tres grupos que se proponen y abonar una cuota familiar de 3€ que será destinada a gastos de material y de organización.
Los días destinados a cada grupo son:            

GRUPO 1: DÍAS 20 Y 21 DE DICIEMBRE                                                                        
GRUPO 2: DÍAS 27 Y 28 DE DICIEMBRE
GRUPO 3: DÍAS 3 Y 4 DE ENERO
        
Cada familia participará en la totalidad de las actividades programadas para los dos días del fin de semana, sábado y domingo. Las Jornadas comenzarán a las 10 horas y finalizarán a las 13:30 horas.

La inscripción deberá formalizarse en la sede de la Asociación “Adaegina”, situada en el edificio principal del Museo de Cáceres, en los horarios habituales de la Asociación (Lunes, Martes y Jueves de 11 a 13  y Miércoles 17:30 a 19:30). El plazo para la inscripción en las jornadas comienza el 11 de noviembre, martes, y finaliza el día 11 de diciembre, jueves, debiendo realizarse personalmente. No se admiten mensajes, correos electrónicos ni llamadas de teléfono.

La selección de los participantes se efectuará por orden de entrega de inscripciones, hasta un máximo de 25 personas y un mínimo de 10 para constituir un grupo. Se les comunicará la admisión por correo electrónico o teléfono a partir de la finalización del plazo de inscripción.

miércoles, 1 de octubre de 2014

La pieza del mes. Octubre 2014


 
«La ninfa Monfragüe» (2007)
Hilario Bravo (Cáceres, 1955)
Serigrafía

El grabado Monfragüe pertenece a la serie Dríada, la ninfa sedienta, portfolio de serigrafías que Hilario Bravo, artista de larga y reconocida trayectoria, preparó en 2007, el cual fue expuesto por primera vez en el Museo de Cáceres en el mes de abril de ese mismo año. Ciertamente, nuestro grabado debe comprenderse no sólo en el contexto de la citada serie –pues, en verdad, forma parte de un tríptico geográfico en torno a enclaves de Extremadura relacionados con el agua: el Tajo, el Guadiana, y, entre ambos, Monfragüe– y en el del conjunto de la rica obra del pintor, pero también resulta interesante el diálogo que de manera individualizada éste puede establecer con quien lo contempla, más si es la primera vez que fija sus ojos en la imagen.
 
La lámina, de marcada verticalidad, se ofrece con una disposición heráldica, como un escudo con tres cuarteles, siendo el inferior el que ocupa el espacio más amplio.  Entre los tres cuarteles se distribuye la denominación del entorno, mediante la caída de la palabra que da nombre al mismo hasta la parte inferior del grabado. Así, los cuarteles superiores presentan las dos primeras letras, apenas camufladas con unos trazos de volúmenes montañosos y con la forma de los puentes del lugar en el caso de la M y con un sol en lo que se refiere a la O. Sobrepuesta entre las dos partes horizontales, la segunda N, cuyo trazo se alarga hasta ser casi otra M duplicada, da paso a los motivos pictográficos más evidentes: un pájaro como un recorte de collage, que representa el carácter de un paraje natural que es refugio ornitológico, y un manantío que se desborda hacia abajo al igual que sucede con las restantes letras a su derecha, deslizándose como las aguas de los ríos que giran en las estribaciones de Monfragüe.
 
El grabado es rico, sugerente y fuertemente polisémico al jugar con diferentes planos, que van, fundamentalmente, desde lo prealfabético hasta las letras. En efecto, Hilario plantea unas grafías de estilo naïf que camuflan las pinturas y grabados rupestres que existen en los roquedos de Monfragüe (en forma de soles y cazoletas –los puntos dispersos a lo largo de la lámina–) y añade unas letras de marcado carácter epigráfico, según muestran las guías del interlineado en el centro de la imagen, hasta llegar a la última sílaba, donde la minúscula domina jugando con el sonido de la palabra “agua”. Todo ello transmite la idea de que el entorno tuviera una voz no sólo audible sino, sobre todo, transcribible mediante la iconografía prealfabética y la escritura propiamente dicha, mostrada ésta desde su soporte en piedra hasta el propio material blando del grabado.
 
Pero es el título de la serie o “carpeta gráfica” el que ofrece la clave más relevante: la combinación entre árboles y aguas posee un sentido mitológico. El objetivo de Hilario parece ser así el de mostrar a la esquiva ninfa del lugar, a la “Dríada Monfragüe”, hecha de la vegetación y los fluídos que convergen en el entorno. El simbolismo femenino es evidente en el centro de la lámina, al mostrar un paisaje desde donde se vierten las aguas verticales que luego se embalsan y, por ello, se convierten en olas horizontales.
La exposición de esta serigrafía en un museo que es, al tiempo, arqueológico y de Bellas Artes se presenta como una excelente síntesis para quien visita y recorre todas sus salas.
 
Angélica García-Manso
Doctora en Historia del Arte e Historia del Cine

viernes, 5 de septiembre de 2014

"Grandes Ángulos". Fotografías de ángel Pablo

“Grandes ángulos”. Exposición de fotografías panorámicas de Ángel Pablo
Museo de Cáceres, del 4 de septiembre al 12 de octubre



Ángel Pablo comenzó con la fotografía a la temprana edad de 14 años, haciendo fotos en blanco y negro, que él mismo desarrollaba en cuarto oscuro, con una cámara que pertenecía a su padre. Poco tiempo después comenzó con el diseño gráfico, realizando carteles y portadas de álbumes de música.

Ha viajado por algunos países de Europa. En los años ochenta del siglo pasado vivió en París, donde trabajó como fotógrafo y técnico de varias películas cinematográficas. En la siguiente década fue reportero gráfico del Diario de Cádiz, y también trabajó para otras publicaciones.

Tras una ausencia del mundo de la fotografía, entre 2001 y 2006, volvió en 2007 y comenzó a abrirse paso como artista de la imagen fija; en la actualidad, Ángel Pablo controla todos los formatos digitales, medio que le ha permitido reencontrarse con entusiasmo con la fotografía.

Ha expuesto sus obras en diversas salas de España, Francia, Bélgica y Portugal, en las que ha mostrado cómo los conceptos geométricos han influido en su creatividad.


Horario de visita:
Martes a sábado de 9,00 a 15,00. Domingo de 10,00 a 15,00. Lunes cerrado.


lunes, 1 de septiembre de 2014

La Pieza del mes. Septiembre de 2014


Colgantes
Siglos XI-XII, Albalat (Romangordo)
Vidrio

 
Desde hace varios años se vienen desarrollando campañas de excavación arqueológica en el yacimiento de Albalat, en el término municipal de Romangordo. Esta fortificación musulmana era un importante hito en el camino entre Mérida y Toledo, ya que estaba situaba junto a uno de los pocos vados que permitía franquear el río Tajo como indica su nombre en árabe Majāḍat al-Balāṭ, (el vado de la vía). Su importante  valor estratégico la convertía en la puerta de entrada a las tierras de Cáceres y Trujillo, lo que hizo que sufriera continuos enfrentamientos bélicos entre tropas cristianas y musulmanas, cambiando de manos en varias ocasiones entre los siglos X y XII, cayendo definitivamente en manos castellano-leonesas en 1230. La fortaleza fue abandonada, pero su privilegiada situación impidió que el topónimo se olvidara.

La  excavación y los materiales que han ido apareciendo son una clara muestra de la vida de los últimos musulmanes en el norte de Extremadura. Una buena representación de los objetos aparecidos en las últimas campañas de excavación formará parte de la exposición temporal “Le Maroc Médiéval (1053-1465)” que se celebrará en el Museo del Louvre entre el 14 de octubre próximo y el 19 de enero de 2015, y posteriormente en el Museo Nacional de Arte Contemporáneo de Rabat, del 2 de marzo al 1 de junio de 2015.  Las piezas del Museo de Cáceres que viajarán a París y a Rabat son un tesorillo formado por ocho monedas de oro, dinares, fechados entre los años 1087 y 1143, un peón y una torre de hueso que pertenecieron a un juego de ajedrez que se fecha entre los siglos XI y XII, un extraordinario molde hecho en piedra para la fundición de amuletos metálicos, un ataifor o recipiente cerámico para alimentos, un amuleto de plomo en forma de espada y cinco puntas de flecha y de jabalina, hechas de hierro. Todos los materiales proceden de la época de dominación de al-Andalus por los almorávides y los almohades.

Como piezas del mes se han elegido tres colgantes realizados en vidrio de color negro decorados mediante la técnica de inclusión con un hilo blanco también de vidrio. La fragilidad del material hace muy difícil su conservación por lo que son raros en los yacimientos islámicos. La dispersión de los tres colgantes, cada uno procede de un lugar distinto de la fortaleza, impide asegurar que pudieran formar parte de un único adorno o estar montados en un mismo collar. Uno de ellos es cónico y macizo, los otros dos tienen forma cilíndrica con el extremo redondeado y uno de ellos conserva la  anilla de sujeción perpendicular para ser colgado. Un detalle llamativo que comparten estos dos últimos colgantes es su morfología hueca, lo que indica que podría tratarse de amuletos, ya que el hueco serviría para introducir un papel con fórmulas mágicas o profilácticas y luchar contra el mal de ojo.  
 

viernes, 8 de agosto de 2014

La Cueva de Santa Ana: las primeras comunidades humanas en el Calerizo de Cáceres

Exposición temporal
Del 7 de agosto al 5 de octubre
 
 
Desde el 7 de agosto, y hasta el próximo 5 de octubre, puede visitarse en el Museo de Cáceres la exposición temporal "La Cueva de Santa Ana: las primeras comunidades humanas en el Calerizo de Cáceres", organizada por el Equipo de Investigación Primeros Pobladores de Extremadura con la colaboración de la Excma. Diputación Provincial de Cáceres y la Consejería de Educación y Cultura del Gobierno de Extremadura.

La muestra puede visitarse de martes a sábado de 9,00 a 15,00 y de 17,00 a 20,30, y los domingos de 10,00 a 15,00.

La exposición quiere dar a conocer la historia de la Cueva de Santa Ana, los trabajos arqueológicos acometidos, los resultados de la investigación, su aportación a la prehistoria local, regional y europea en el contexto de las primeras comunidades humanas que se instalaron en la región y, especialmente, la emergencia del Modo técnico 2, o Achelense, en su contexto europeo.
 
Se organiza teniendo en cuenta estos contenidos y focaliza en el hallazgo arqueológico de la campaña 2012 por su relevancia en la restitución paleoecológica. El conjunto paleontológico descubierto es de gran importancia y, junto con las cuevas de Maltravieso y el Conejar, es en la actualidad el más importante del oeste peninsular por su biodiversidad y por su extensión temporal (Pleistoceno inferior final, Pleistoceno medio, Pleistoceno superior, Holoceno).
 
 

viernes, 1 de agosto de 2014

La Pieza del mes. Agosto de 2014


Tabla para el control del lavado de ropa
Madera y papel adherido
Villanueva de la Serena (Badajoz), primer tercio del siglo XX
 
 
 
La generalización de las lavadoras mecánicas y automáticas en los domicilios, a mediados del siglo XX, trajo consigo la desaparición del oficio de las lavanderas, una de las ocupaciones más duras y molestas que han existido, y que siempre han llevado a cabo las mujeres. Entre las tareas que las mujeres llevaban a cabo en sus hogares, además de la crianza y el cuidado de los hijos y de las personas mayores, la preparación de las comidas, la limpieza y arreglo de la casa y muchas otras, se encontraba el lavado de la ropa, tanto la de vestir como la de la casa. Por supuesto, a estas tareas se unían todas las demás faenas agrícolas y ganaderas que la mujer realizaba fuera del hogar, casi siempre sin remunerar.
 
Las familias más acomodadas tenían entre su servidumbre mujeres que se dedicaban al lavado de la ropa, pero tanto las clases medias como gran parte de las comunidades religiosas, hospitales y hospicios, contrataban este servicio con alguna de las muchísimas lavanderas que se dedicaban profesionalmente a este oficio. La ausencia de agua corriente y del espacio necesario en la mayoría de las viviendas obligaba a las mujeres a desplazarse, a veces varios kilómetros, cargando los fardos de la ropa hasta las corrientes de agua o charcas donde estaba permitido el lavado; en la ciudad de Cáceres los lavaderos más populares eran Hinche, la Madrila y Beltrán, en el entorno del regato de Aguas Vivas, así como otros más alejados en las antiguas minas de Valdeflores, y por supuesto las charcas de Malpartida, Casar de Cáceres y Arroyo de la Luz. Cada semana, en invierno y en verano, decenas de lavanderas de estos pueblos iban andando a la capital para recoger casa por casa los hatos de ropa sucia y devolver la ropa lavada de la semana anterior.
 
El lavado de la ropa incluía un primer remojado de las prendas golpeándola con una paleta de madera y, después, el procedimiento de la llamada colada, consistente en hacer pasar varias veces (colar) lejía por una cuba, dotada de un desagüe, donde la ropa estaba sumergida en agua hirviendo. Esto solía hacerse mezclando el agua con cenizas, que tienen el principio activo de la sosa y la potasa, capaces de disolver las materias grasas. Tras ello, se remojaba y enjabonaba la ropa y se dejaba al sol sobre la hierba, para que de ese modo se blanqueara, después se aclaraba con agua y finalmente se volvía a tender para su secado. En las casas de los clientes, cada uno de ellos tenía marcada su ropa para evitar confusiones, y era usual que se utilizaran cartones o tablas como la que exponemos para llevar el recuento de las prendas que se llevaba la lavandera, las mismas que debía devolver una semana después; en un mundo en que el analfabetismo femenino estaba tan extendido, el sistema de recuento evitando los guarismos resultaba sumamente útil. La tabla que se expone fue donada al Museo de Cáceres en 2010 por Dña. Milagros Bornay.

viernes, 27 de junio de 2014

La pieza del mes. Julio de 2014


Virgen de la Ternura o Heleoúsa (2013)
Santiago Sánchez Junco (Salorino, 1983)
Mosaico

La Virgen de la Ternura (en griego Heleoúsa o Glykophilousa) es un tipo iconográfico de representación de la Virgen con el Niño en el que María sostiene a su Hijo en sus brazos y sus caras se tocan mientras Jesús extiende su brazo hasta tocar el hombro de su Madre. Es una forma de representar la tierna relación entre Madre e Hijo muy particular del arte bizantino, y que hunde sus raíces en la tradición cristiana de Egipto, el mundo copto; de ahí también la presencia en la parte superior de las conocidas abreviaturas griegas MP-ΘΥ (Μήτηρ Θεού), que significan «Madre de Dios».
A la relación de amor entre María y el Niño, a esa condición de Madre de Dios se la designa etimológicamente como Theotokos, y tiene la función de mostrar a los fieles a la Virgen como Madre de todos los cristianos; la Iglesia, como plasmación terrenal del amor materno de la Virgen, se configura así como el ámbito en que se produce la plenitud de la relación entre Dios y su pueblo, a través de la Madre común.
La obra que se expone recoge este modelo tradicional en la iconografía bizantina representado mediante la técnica del mosaico; así, el icono que habitualmente es pintado al temple sobre tabla se trata aquí con una técnica que, si bien es conocida y profusamente utilizada por este arte, suele serlo como revestimiento de muros y plasmando grandes escenas religiosas y civiles. Aquí, el artista ha querido aplicar el mosaico a esta pequeña obra de devoción y de carácter más intimista.
Los materiales utilizados son teselas cortadas de revestimiento cerámico o gresite junto a vidrio de diferentes tipos con pan de oro en su interior y otros elementos secundarios como vidrio Tiffany, DM, etc. En general, el artista ha buscado crear la sensación de tridimensionalidad mediante el juego con las diferentes alturas del material utilizado, lo que rompe el carácter plano que habitualmente caracteriza al icono bizantino. Al mismo tiempo, el minucioso trabajo permite la observación a escasa distancia utilizando las líneas de unión de las distintas piezas para dibujar el contorno de las figuras, incorporando influencias de la técnica de la taracea o el trencadís modernista.
Esta Pieza del mes, realizada por el joven artista cacereño Santiago Sánchez Junco, pertenece a una colección particular y ha sido expresamente cedida para su exposición durante el mes de julio.
 

miércoles, 4 de junio de 2014

Exposición Taller de pintura de ASPAINCA



ASPAINCA
Del 3 al 29 de junio

El Museo de Cáceres acoge durante el mes de junio una muestra de pintura elaborada por los usuarios de la Asociación de Padres para la Integración en Cáceres (Aspainca), colectivo que atiende a personas con discapacidad y a la normalización de sus vidas y las de sus familias. Las obras expuestas han sido realizadas en los talleres de la asociación.

Entre las obras que se exhiben estos días se encuentran las que han desarrollado los usuarios del colectivo en los talleres de pintura que llevan a cabo en las instalaciones del centro, ubicado en la calle Antonio Floriano Cumbreño. La actividad les sirve como terapia y como elemento integrador.

Aspainca nació en Cáceres hace ya casi tres décadas. Está formada por casi un centenar de familias de la provincia (más 26 socios honoríficos y protectores), en la que se ofrecen los servicios de atención temprana o habilitación funcional, como terapia psicológica, logopedia, terapia ocupacional o fisioterapia.
Actualmente el colectivo oferta servicios a 300 personas aproximadamente, siendo todos beneficiarios directos de los mismos, de los cuales 73 son personas de entre 6 y 55 años de edad, con un mínimo de grado de incapacidad del 33% asociada a discapacidad intelectual, y otros 27 son niños entre 0 y 6 años con discapacidades de desarrollo establecidas o en situación de mayor riesgo biológico. 

Una vez más, y como viene haciendo desde 2001, el Museo abre sus puertas a los creadores de ASPAINCA con la seguridad de que todos los visitantes sabrán valorar el esfuerzo y el mérito del trabajo que profesores y alumnos desarrollan en este centro.

martes, 3 de junio de 2014

La Pieza del mes. Junio de 2014


Inscripción y retratos romanos
Siglo I. Talavera la Vieja
Mármol
 
 
Como se sabe, el enclave de la ciudad romana de Augustobriga viene siendo identificado con la población de Talavera la Vieja, municipio desaparecido en 1963 bajo las aguas del pantano de Valdecañas, en el río Tajo.
 
En 1952, en el curso de unas obras de canalización de agua para regadío, se hallaron casualmente las cabezas en mármol de un hombre, una mujer y un niño. Por diferentes motivos, estos objetos permanecieron en dependencias del Ayuntamiento, en lugar de ingresar en el Museo de Cáceres como establecía la ley; en 1963, cuando tuvo que disolverse el municipio por la inminente inundación de su término, las piezas pasaron a manos privadas de manera irregular, ocultándose del disfrute público como patrimonio común de todos los extremeños. Igualmente la inscripción fue hallada en 1887 en la muralla romana de Talavera la Vieja, y su texto, una dedicatoria al Senado y al pueblo de Augustobriga, permitió en su día identificar de manera inequívoca la ciudad romana con el pueblo conocido como Talaverilla. La lápida se mantuvo también en manos privadas desde su hallazgo y dice así: 
 
C(AIVS) IVLIVS C(AII)  F(ILIVS) Gl[- - -]
 SENATVI POPV(LOQVE)
AVGVSTOBR(IGENSI)
 HOSPES D(ONVM)
DAT
 
Afortunadamente, una actuación judicial de 1994 determinó la devolución de los objetos a la titularidad pública y su depósito en un museo estatal. En ese mismo año, la Junta de Extremadura iniciaba la inscripción de todo el conjunto como Bienes de Interés Cultural, dándoles la máxima protección permitida por la ley y comenzando una larga serie de gestiones para su devolución a Extremadura que ha culminado recientemente gracias a los esfuerzos desplegados desde la Consejería de Educación y Cultura y a la colaboración del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.
 
El estilo de las cabezas-retrato, y especialmente los peinados que lucen tanto las dos masculinas como la femenina, permiten atribuirles una datación en torno a mediados del siglo I d. C., en época claudia o neroniana; su regular estado de conservación nos ha privado de apreciar en mayor detalle el virtuosismo del escultor, pero aún nos permite el disfrute de tres grandes obras del arte romano en nuestra provincia. Tanto las esculturas como la inscripción pasan a engrosar la colección estable del Museo de Cáceres y a formar parte de su exposición permanente, ampliando la representación arqueológica de época romana.

miércoles, 21 de mayo de 2014

De barro y esmalte. La colección de azulejos del Museo de Cáceres



Del 22 de mayo al 31 de agosto de 2014

Entre las colecciones más desonocidas del Museo de Cáceres se cuenta con un abundante y variado conjunto formado por más de 700 azulejos procedentes de distintos monumentos repartidos principalmente por la provincia de Cáceres, pero también por otros puntos de Extremdura y de España.

Las piezas, realizadas en cuerda seca, arista y mayólica, proceden de los principales alfares españoles, como Talavera de la Reina (Toledo), Toledo, Sevilla o Manises (Valencia), y se fechan entre los siglos XV y XIX.

En la colección se encuentran azulejos sueltos y también "de labor", formando composiciones de cuatro o más piezas, junto a otros azulejos rectangulares para los límites de las composiciones, llamados verduguillos, y piezas más pequeñas denominadas olambrillas, que servían para decorar suelos de barro sin vidriar combinando con las losas. Las piezas más grandes son los alizares, con dos caras decoradas que se usaban para alféizares, escalones o bordes de zócalos.

Muchos de los azulejos proceden de excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en la provincia, destacando los que aparecieron en las obras de restauración del Monasterio de Yuste o del Convento de San Vicente Ferrer de Plasencia.



El Castillo y el Convento franciscano de Belvís de Monroy o el conventual de San Benito de Alcántara son otros de los lugares en que los azulejos ahora expuestos podían verse desde el siglo XVI. No faltan tampoco piezas hisóricas de lugares tan alejados como la fortaleza de la Rocha Blanca, en La Coruña, o las ciudades de Córdoba, Salamanca o Toledo. La muestra se completa con azulejos procedentes de Hinojal o de la propia ciudad de Cáceres.

Además, se ofrecen detalladas explicaciones sobre las técnicas y las tipologías, y se ha dispuesto un área didáctica y tiflológica donde es posible diferenciar técnicas y formatos mediante el tacto de las reproducciones expuestas.

El catálogo de la exposición ha sido editado gracias a la colaboración entre la Consejería de Educación y Cultura y la Asociación "Adaegina" Amigos del Museo de Cáceres.

Inauguración de la muestra: Jueves, 22 de mayo a las 11,00 de la mañana.
Horario de visita: De martes a sábado, de 9,00 a 15,00. Domingos y festivos de 10,00 a 15,00.


lunes, 5 de mayo de 2014

La Pieza del mes. Mayo de 2013


Cupones de Racionamiento
Papel
Provincia de Badajoz, primer semestre de 1949


Entre las desastrosas consecuencias de la Guerra Civil española de 1936-1939 y el posterior aislamiento internacional a que se vio sometido el Régimen franquista, se encuentra la escasez de productos alimenticios de todo tipo y los consiguientes problemas de abastecimiento, que causaron una verdadera crisis de subsistencia en la que sucumbieron no pocos ciudadanos, especialmente niños, enfermos y personas mayores.
 
Para tratar de paliar esta gran necesidad e intentar garantizar una equitativa distribución de los alimentos disponibles, el Estado instituyó el uso de la Cartilla de Racionamiento, que estuvo en vigor desde mayo de 1939 hasta mayo de 1952. Según este sistema, cada individuo (al principio cada familia) disponía de una cartilla en que se le asignaban cupones para la retirada de los productos de primera necesidad que podía consumir cada semana; la cantidad de alimentos era fijada por la Comisaría General de Abastos, que a través de sus delegaciones provinciales indicaba los establecimientos de ultramarinos o panadería adonde podían acudir los ciudadanos con sus cupones, que previamente habían pagado de acuerdo con unos precios también fijados por la misma Comisaría General.
 
Los alimentos, y otros productos distribuidos, cambiaban según las necesidades, el suministro disponible y la categoría de la Cartilla, ya que había varios grupos: hombres adultos, mujeres adultas (ración del 80% del hombre adulto), niños y niñas hasta catorce años (ración del 60% del hombre adulto) y hombres y mujeres de más de sesenta años (ración del 80% del hombre adulto); además, la asignación de cupos podía ser diferente también en función del tipo de trabajo del cabeza de familia. Un modelo de la cantidad media asignada por persona para una semana podía incluir más o menos un cuarto de litro de aceite, 100 gramos de azúcar terciada, 100 gramos de garbanzos, 200 de jabón, 1 Kg. de patatas y un bollito diario de pan de 100 gramos. La carne, por otro lado, tenía su propia cartilla aparte.
 
Teóricamente no era posible adquirir los productos racionados fuera del sistema establecido, pero rápidamente surgió la picaresca de quienes vendían los productos en el mercado negro a precios muy superiores a los fijados. Mediante el llamado estraperlo, quienes podían permitírselo compraban cantidades superiores a las autorizadas o alimentos que no se ofrecían en el sistema legal, lo que favoreció el surgimiento de grandes fortunas basadas en una corrupción generalizada que afectaba a productores, intermediarios, consumidores y a las propias autoridades encargadas del control del sistema.

martes, 8 de abril de 2014

Video. El Cáceres que fue

El Cáceres que fue
 
Comprueba cómo ha cambiado la ciudad de Cáceres durante el último siglo. Para saber más, visita nuestra exposición "El Cáceres que fue. Imágenes de ayer y de hoy" hasta el próximo 4 de mayo.

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viernes, 4 de abril de 2014

El Cáceres que fue

El Cáceres que fue
Imágenes de ayer y de hoy
Del 7 de abril al 4 de mayo
Inauguración: Lunes, 7 de abril a las 19,30 horas


El Museo de Cáceres alberga un archivo de fotografía histórica que comenzó a formarse en los inicios de la Comisión Provincial de Monumentos a finales del siglo XIX. La colección está formada por cerca de dos mil ejemplares, procedentes de donaciones y compras, además de las propias realizadas por el personal del Museo. 


Las fotografías recogen vistas de los principales monumentos y yacimientos arqueológicos de la provincia, destacando por su mayor número Cáceres y Plasencia. Muchas de ellas son obra de conocidos fotógrafos locales como Gabriel Llabrés, Perate, Gustavo Hurtado, Tomás Martín Gil, Javier García Téllez, Emilio Herreros, Karpint o Carlos Callejo, y nacionales como J. Laurent, Gudiol o Gombau.


Buena parte de estas imágenes nos sirven para comprobar los cambios experimentados por los monumentos del conjunto histórico de Cáceres, particularmente en la segunda mitad del siglo XX, momentos en que se construye la imagen actual de nuestra Ciudad Monumental.
En esta exposición queremos mostrar algunos ejemplos significativos de estas transformaciones, comparando las imágenes del ayer con las de hoy; todo ello nos ayudará a facilitar un mejor conocimiento del Cáceres que fue.


La muestra, que ha contado con la colaboración del Consorcio Cáceres Ciudad Histórica, podrá visitarse hasta el 4 de mayo en el horario habitual de las exposiciones temporales: De martes a sábado de 9,00 a 15,00, y los domingos y festivos de 10,00 a 15,00, a excepción del 23 de Abril en que el Museo permanecerá cerrado.


miércoles, 2 de abril de 2014

Conferencia. 3 de Abril

Etnobotánica cacereña. Las relaciones entre el hombre y las plantas en la provincia de Cáceres
3 de abril, a las 19,45 horas



El jueves 3 de abril finaliza el V Ciclo de Conferencias sobre Historia y Patrimonio Cultural de Cáceres, con la intervención de Dña. Ana Belén Delgado Hierro sobre «Etnobotánica cacereña. Las relaciones entre el hombre y las plantas en la provincia de Cáceres».

Ana Belén Delgado es Diplomada en Magisterio y Licenciada en Ciencias Biológicas, rama Botánica, por la Universidad Complutense de Madrid. Ha realizado también estudios de Master en Gestión Medioambiental y en Medio Ambiente ISO 14001 y Auditorías Ambientales.

Interesada en la gestión tradicional de los ecosistemas extremeños, especialmente la dehesa, ha complementado su formación con diversos estudios sobre Desarrollo Local, Estrategia Europea de Desarrollo Sostenible, Apoyo a la Micropyme en el medio rural, Igualdad de Género, Educación Ambiental y, en general, todos aquellos campos que pudieran llevar a un mejor conocimiento del medio rural de la región.

Sus áreas de trabajo han sido la Educación Ambiental y el Desarrollo Rural y paralelamente a ello, lleva más de 20 años investigando los usos tradicionales de las plantas en la provincia de Cáceres y la magnífica adaptación que tenía la población local a los distintos ecosistemas de la provincia. La gestión que los pobladores de estas tierras han realizado desde épocas históricas de su entorno ha dado lugar a unos etnoecosistemas únicos que actualmente se encuentran en riesgo de desaparecer por falta de revalorización del conocimiento tradicional, perdiéndose con ello, además, una parte importantísima de la cultura extremeña de tradición oral.

martes, 1 de abril de 2014

La pieza del mes. Abril de 2014


«Candelaria» (1933)
Enrique Pérez Comendador (1900-1981)
Escultura en piedra caliza policromada

 
Esta talla del escultor Enrique Pérez Comendador (Hervás, 1900 – Madrid, 1981) pertenece a la colección del Museo Pérez Comendador-Leroux de Hervás, y se expone en el marco del proyecto «Candelaria Itinerante», en el que participan el Museo Etnográfico Textil de Plasencia, El Museo de Cáceres y el Museo del Escultor Mateo Hernández de Béjar (Salamanca), además del propio Museo Pérez Comendador-Leroux de Hervás.
 
La obra en cuestión debe contextualizarse en un momento del Arte español marcado entre el año 1925, cuando Comendador ejecuta su primer monumento público, el busto de Gabriel y Galán en Cáceres, coincidiendo con la Exposición del Traje Regional Español y la Exposición de Artistas Ibéricos, y 1938, ya durante la guerra civil, en que Comendador realiza, poco antes de acabar su pensionado en Roma, su obra «Serenero» un desnudo femenino en madera.
 
Se sabe que tanto Pérez Comendador como su esposa, la pintora Magdalena Leroux, ya habían estado en Candelario (Salamanca) hacia 1930; por esos años, el escultor de Hervás cultiva profusamente la talla policromada en piedra, mármol, barro o madera, y paralelamente los trabajos del fotógrafo José Ortiz Echagüe dan a conocer esenciales aspectos artísticos de la indumentaria tradicional de Candelario. Todo ello coincide con el proceso de formación del Museo del Traje, surgido tras la exposición de 1925, que cristalizará en la fundación del Museo del Pueblo Español (1934).
 
Probablemente imbuido de ese ambiente de reivindicación artística del traje tradicional, Comendador crea una obra cuya policromía recupera el arte de los imagineros sevillanos del siglo XVI partiendo de la representación de un personaje de carne y hueso, Dña. Petra Muñoz, que aparece ataviada con las prendas típicas del traje de «Candelaria»: el jubón, el serenero o mantoncillo que cubre el talle, el moño «de picaporte» y el aderezo de filigrana. Esta representación humana y realista adquiere una dimensión casi sacra, al incorporar el dorado de la policromía y representar a la mujer al estilo de una Dama oferente, con una colodra, o vaso de cuerno, en la mano que inmediatamente trae a la memoria la referencia de la Dama de Elche, la cual Comendador había visto en el Louvre precisamente por esos años.
 
Por otro lado, el gesto de los brazos cruzados sobre el pecho es una inevitable referencia al arte oriental de raigambre egipcia, algo apreciable también en otra pequeña figura de Comendador que representa a una «Candelaria» de cuerpo entero adelantando su pie izquierdo al estilo de la estatuaria egipcia que también conoció el artista en sus visitas al Louvre en los primeros años de la década de 1930.