lunes, 11 de marzo de 2013
Conferencia "El patrimonio lingüístico de Salvatierra de Santiago"
jueves, 21 de febrero de 2013
Ciclo de conferencias
«Historia y Patrimonio cultural de Cáceres (III)»
De nuevo, algunos de los conferenciantes son socios de «Adaegina», si bien en esta ocasión se ha podido contar con otros tres investigadores que han querido colaborar desinteresadamente dando un magnífico ejemplo de la implicación de la sociedad cacereña con su Patrimonio cultural.
La asistencia a las charlas es libre y gratuita; el ciclo se desarrollará de acuerdo con el siguiente programa:
19,45 horas
Redescubriendo los fondos del Museo de Cáceres. La colección de azulejos
Por Dña. Nuria Mª Franco Polo, Técnico Superior de Arte de la Consejería de Educación y Cultura. Junta de Extremadura
19,45 horas
El origen de los nombres de las calles de Cáceres
Por D. Marcelino Cardalliaguet Quirant, Profesor de Secundaria y Socio de Adaegina
Martes, 12 de Marzo
19,45 horas
El patrimonio lingüístico de Salvatierra de Santiago
Por D. Marcelino Moreno Morales, Investigador versátil y técnico en gestión de proyectos. Socio de Adaegina
Jueves, 14 de Marzo
19,45 horas
Herramientas de piedra. La colección paleolítica del Museo de Cáceres
Por Dña. Dolores Mejías del Cosso, Arqueóloga
lunes, 4 de abril de 2011
La Pieza del mes. Abril de 2011

Portapaz con la Virgen Madre
Bronce y esmaltes
Siglo XVI
El portapaz es un objeto religioso cuyo uso estaba destinado a los fieles que se lo pasaban entre ellos para besarlo en el momento de la misa en que se daban la paz. Son piezas pequeñas que no suelen medir, en los casos mayores, más de 12 ó 15 cm. de alto y algo menos de ancho.
Los más antiguos portapaces que se conservan en los tesoros de las iglesias datan del siglo XV y presentan, naturalmente, las maneras góticas; sin embargo, la época que más ejemplares nos ha legado corresponde a los siglos XVI y XVII, periodo en el que el portapaz se desarrolla plenamente y durante el que su tipología va cambiando según los modelos arquitectónicos de cada momento.
Tipológicamente parece ser que los portapaces derivaron, en sus comienzos, de los relicarios en forma de edículos, pues este aspecto presentan los primeros ejemplares de época gótica, formados por una pequeña hornacina o placa en la que se sitúan las figuras de bulto, enmarcadas por pilastras y cubiertas con doselete. Tanto relicarios como portapaces dependían claramente de las formas arquitectónicas.
La existencia del portapaz durará hasta finales del siglo XVIII o comienzos del XIX, pues los postreros ejemplares conocidos corresponden al último rococó, o más raramente al primer neoclásico, pero no parecen encontrarse portapaces posteriores a mediados del siglo XIX, quizá por la caída en desuso de darse la paz públicamente durante la misa.
El portapaz del Museo de Cáceres es de bronce esmaltado y presenta a la Virgen Madre con el Niño; la Madre de Jesús viste túnica azul con remate en granate. Está representada de medio cuerpo y sujeta con la mano izquierda al niño desnudo. Ambas figuras, en relieve, aparecen nimbadas y sobre una luna creciente. Se encuadran en un templete arquitectónico, de estilo renacentista, coronado por tres frontones curvos, el central de mayor tamaño y con un crucifijo, que apoyan sobre dos columnas con el fuste esmaltado en azul.
En la parte trasera presenta un asa, por donde se cogía para pasarlo de un fiel a otro. En el Museo Lázaro Galdiano de Madrid se conserva un ejemplar prácticamente idéntico a éste, que viene siendo fechado en el siglo XVI y atribuido a escuela española, lo que nos ayuda a datar el portapaz que exponemos en la citada centuria.
Esta pieza apareció casualmente en una escombrera cercana a la ermita de la Estrella, en Salvatierra de Santiago en los años 90 del siglo pasado, siendo donada al Museo de Cáceres por Don Marcelino Moreno Morales en 2010.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
La Pieza del mes. Diciembre de 2010

Salvatierra de Santiago, 1877
El Servicio Militar Obligatorio quedó sancionado en España en la Constitución de 1812, pero no se hizo efectivo hasta un siglo después, y aun de manera parcial. Durante el siglo XIX, los jóvenes de las clases adineradas podían pagar una elevada cantidad para librarse del Servicio (Redención a metálico) o ser sustituidos por otro quinto (soldado de sustitución) a quien abonaban una cantidad en metálico; así, cientos de miles de jóvenes de las familias más humildes, que no pudieron pagar para librarse, fueron enviados a alguna de las distintas guerras en que participó el ejército español, como las de África, Cuba y Filipinas o las diferentes contiendas civiles que ocupan toda la segunda mitad de la centuria. En la época a que se refiere el documento que exponemos, la redención a metálico costaba 8.000 reales, y la sustitución unos 4.000.
En Cuba, la Guerra Grande, o Guerra de los Diez Años, tiene lugar entre 1868 y 1878, iniciándose con el famoso “Grito de Yara”; en todo el conflicto son movilizados 200.000 soldados españoles, de los cuales 80.000 dejaron su vida en la isla. Las operaciones militares de 1876 y 1877 registran el final de la contienda, especialmente desde la llegada a la isla del General Martínez Campos, dando lugar a la firma de la paz de Zanjón, que será acompañada de un efímero régimen de reformas legislativas y administrativas para el territorio, el cual se mostrará incapaz de detener las ansias de independencia que se concretarán como es sabido en 1898.
La pieza que se expone es una Libreta de Ajustes del soldado Fernando Donaire Arévalo, es decir, el documento en que quedaban anotadas las incidencias económicas de su servicio militar, figurando un capítulo para los “Abonos” y otro para los “Cargos”. Corresponde al período en que el soldado sirvió entre el 1 de Enero de 1876 y el 31 de Mayo de 1877, si bien es continuación de libretas anteriores, pues consta que en Enero de este último año percibió una gratificación por haber servido “5 años, 9 meses y 3 días”. La Libreta es un instrumento útil para conocer detalles como lo que ganaban los soldados, unos haberes trimestrales nominales de 308,97 pesos en billetes y un salario trimestral real de 39 pesos en oro, de los que se le descontaban gastos como tabaco “y utensilio” (2,10 pesos) o barbería (1,60 pesos), mientras otros gastos, como unos zapatos, eran pagados a plazos, figurando tres cargos de 2,78, 4,75 y 1,25 pesos; aparecen también cargos debidos a la mejora en el rancho, que suelen ser de 3,10 pesos mensuales. Los soldados de Cuba siempre prefirieron cobrar sus haberes en oro, ya que los pesos en billetes tenían un valor real muy inferior al de su numerario.
Uno de los asientos de la libreta está fechado en Cienfuegos el 27 de febrero de 1877, una zona que estuvo en primera línea del frente, finalizando en La Habana el 5 de mayo del mismo año, con la licencia y el regreso a España del soldado, a quien correspondió un efectivo de 604,32 pesos por más de cinco años de servicio.
La libreta, en su estuche de hojalata, fue encontrada casualmente en un hueco de la pared de una casa de Salvatierra de Santiago, y donada al Museo por D. Marcelino Moreno Morales en Agosto de 2010.


