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lunes, 1 de septiembre de 2014

La Pieza del mes. Septiembre de 2014


Colgantes
Siglos XI-XII, Albalat (Romangordo)
Vidrio

 
Desde hace varios años se vienen desarrollando campañas de excavación arqueológica en el yacimiento de Albalat, en el término municipal de Romangordo. Esta fortificación musulmana era un importante hito en el camino entre Mérida y Toledo, ya que estaba situaba junto a uno de los pocos vados que permitía franquear el río Tajo como indica su nombre en árabe Majāḍat al-Balāṭ, (el vado de la vía). Su importante  valor estratégico la convertía en la puerta de entrada a las tierras de Cáceres y Trujillo, lo que hizo que sufriera continuos enfrentamientos bélicos entre tropas cristianas y musulmanas, cambiando de manos en varias ocasiones entre los siglos X y XII, cayendo definitivamente en manos castellano-leonesas en 1230. La fortaleza fue abandonada, pero su privilegiada situación impidió que el topónimo se olvidara.

La  excavación y los materiales que han ido apareciendo son una clara muestra de la vida de los últimos musulmanes en el norte de Extremadura. Una buena representación de los objetos aparecidos en las últimas campañas de excavación formará parte de la exposición temporal “Le Maroc Médiéval (1053-1465)” que se celebrará en el Museo del Louvre entre el 14 de octubre próximo y el 19 de enero de 2015, y posteriormente en el Museo Nacional de Arte Contemporáneo de Rabat, del 2 de marzo al 1 de junio de 2015.  Las piezas del Museo de Cáceres que viajarán a París y a Rabat son un tesorillo formado por ocho monedas de oro, dinares, fechados entre los años 1087 y 1143, un peón y una torre de hueso que pertenecieron a un juego de ajedrez que se fecha entre los siglos XI y XII, un extraordinario molde hecho en piedra para la fundición de amuletos metálicos, un ataifor o recipiente cerámico para alimentos, un amuleto de plomo en forma de espada y cinco puntas de flecha y de jabalina, hechas de hierro. Todos los materiales proceden de la época de dominación de al-Andalus por los almorávides y los almohades.

Como piezas del mes se han elegido tres colgantes realizados en vidrio de color negro decorados mediante la técnica de inclusión con un hilo blanco también de vidrio. La fragilidad del material hace muy difícil su conservación por lo que son raros en los yacimientos islámicos. La dispersión de los tres colgantes, cada uno procede de un lugar distinto de la fortaleza, impide asegurar que pudieran formar parte de un único adorno o estar montados en un mismo collar. Uno de ellos es cónico y macizo, los otros dos tienen forma cilíndrica con el extremo redondeado y uno de ellos conserva la  anilla de sujeción perpendicular para ser colgado. Un detalle llamativo que comparten estos dos últimos colgantes es su morfología hueca, lo que indica que podría tratarse de amuletos, ya que el hueco serviría para introducir un papel con fórmulas mágicas o profilácticas y luchar contra el mal de ojo.  
 

miércoles, 2 de enero de 2013

La Pieza del mes. Enero de 2013


Anillo de vidrio
Época romana. Siglos II-III d. C.
Alrededores de Cáceres
 
No se sabe con seguridad cómo, cuándo y dónde tuvo lugar el descubrimiento del vidrio; según todos los indicios su origen es producto de los avances técnicos conseguidos tras un largo proceso de ensayo y error en relación con las tecnologías ya existentes. El escritor latino Plinio el Viejo en su Historia Natural relata cómo el vidrio fue inventado por casualidad cerca de Sidón, en la desembocadura del río Belo. Allí el componente arcilloso del agua del río se mezcla con el agua del mar, dando como resultado una arena muy brillante que se deposita en la playa. Según Plinio, en ese punto desembarcaron mercaderes fenicios procedentes de Egipto; como no tenían piedras sobre las que hacer un hogar para preparar la comida, tomaron terrones de natrón (sosa natural), que portaban en el barco como objeto de comercio. Este material era muy conocido en la Antigüedad debido a sus múltiples usos: para embalsamar, blanquear el lino, cocinar, conservar alimentos, así como también se usaba en medicina, para la fabricación de perfumes, colores, esmaltes, etc. El natrón habría sido traído de los lagos salados del norte de Egipto, cerca de Alejandría, después de que el material hubiera ardido por un tiempo, vieron cómo se formaba una masa vítrea azul verdosa.
 
Sea como fuese, a mediados del III milenio a.C. se fechan las primeras piezas de vidrio, y en la Edad del Bronce ya estaban asentadas las condiciones técnicas necesarias para la elaboración del vidrio: se conocían el fuelle para alcanzar altas temperaturas, los hornos de fusión de bronce, los crisoles y la técnica de soplar planchas de bronce.
 
El vidrio es un material duro, inorgánico, no cristalino y frecuentemente transparente o traslúcido, que se forma por el calentamiento conjunto de una mezcla de materiales tales como arena silícea, piedra caliza y sosa a muy alta temperatura hasta formar un líquido. El vidrio es un material que nunca ha cristalizado y se ha vuelto rígido al enfriarse, pero manteniendo su estructura de líquido. En época romana el vidrio se componía fundamentalmente de arena, sosa y cal, ocasionalmente se sustituyó la sosa por potasa; su uso se extendió por todo el Imperio, siendo utilizado fundamentalmente para fabricar recipientes: cuencos, vasos, botellas, ungüentarios, urnas...., incluso vidrios para ventanas, teselas de mosaico, fichas de juego y objetos de adorno personal como cuentas, pendientes, pulseras y anillos.
 
Los anillos son los adornos en vidrio que aparecen con menor frecuencia en las excavaciones, quizá esto se pueda explicar por su fragilidad. Principalmente se fabricaron en colores verde oscuro y amarillo; la fabricación consistía en enrollar hilo de vidrio caliente en una varilla de metal puntiaguda y a continuación se giraba para que tomase la forma de anillo, introduciéndolo en el horno hasta conseguir la consistencia deseada, se sacaba y decoraba. Esta técnica permitía retorcer, perfilar, e incluso unir varias varillas juntas.
 
La pieza del mes es un anillo de vidrio grueso, de color negro opaco azulado, pulido y plano al interior y semicircular al exterior, con dos gruesas nervaduras a los lados del chatón central de vidrio amarillo; el chatón se realizaba por separado mediante la técnica de presionado sobre molde, posteriormente se unía al anillo mediante la aplicación de calor. En este caso, representa un rostro humano con los rasgos muy bien marcados, procede de un hallazgo casual de los alrededores de la ciudad de Cáceres.