Mostrando entradas con la etiqueta Siglo XX. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Siglo XX. Mostrar todas las entradas

martes, 17 de marzo de 2015

Tebeos de posguerra

Del 11 de marzo al 3 de mayo de 2015
 

Esta exposición es una invitación a evocar un tiempo pasado que fue decisivo para la sociedad española y un desafío a la memoria colectiva e individual. La muestra presenta un recorrido emocional e intelectual por veinte años de publicaciones infantiles, juveniles y de adultos, que ejercieron una influencia innegable en la población española de aquellos años. El alcance de aquellos mensajes está aún por interpretar.
 
 
En la muestra pueden verse ejemplares de míticas historietas como Hazañas Bélicas, Roberto Alcázar y Pedrín y un largo etcétera, hasta la irrupción en escena de la Escuela Bruguera con su amplia nómina de personajes rocambolescos; una vuelta, en definitiva, por la historia del tebeo en nuestro país.
 
La muestra recoge un importante conjunto de ejemplares de las publicaciones de entretenimiento infantil que surgieron y desarrollaron su existencia durante los años de la posguerra española, reunidos por el coleccionista Luis Conde Martín, que también actúa como comisario de la exposición. La muestra que se presenta en el Museo de Cáceres supone un recorrido por los personajes y las historias que formaron parte de la infancia de miles de españoles en unos años en los que la inocencia duraba poco tiempo y en el que las preocupaciones más propias del mundo adulto condicionaban la infancia. A través de las páginas y dibujos expuestos se puede ver la larga mano de la censura eclesiástica, el peso del hambre, la picaresca adueñada de unas calles llenas de pobreza, y por encima de todo, la necesidad de llenar con fantasía y normalidad la vida de una juventud cortada de raíz por la historia.

 
Por otro lado, hay que destacar la importancia del coleccionismo de los tebeos en España que, aparte de preservar los materiales como documentos imprescindibles, ha contribuido a mantener vivo el recuerdo de un tiempo pasado y ha propiciado su recuperación, a través de los clubes y asociaciones culturales de todo tipo, o de la edición de facsímiles de colecciones inencontrables, permitiendo, de esta manera, su revisión crítica.

Horario de visita:
Martes a sábados de 9,00 a 15,00. Domingos de 10,00 a 15,00. Lunes cerrado.

viernes, 1 de agosto de 2014

La Pieza del mes. Agosto de 2014


Tabla para el control del lavado de ropa
Madera y papel adherido
Villanueva de la Serena (Badajoz), primer tercio del siglo XX
 
 
 
La generalización de las lavadoras mecánicas y automáticas en los domicilios, a mediados del siglo XX, trajo consigo la desaparición del oficio de las lavanderas, una de las ocupaciones más duras y molestas que han existido, y que siempre han llevado a cabo las mujeres. Entre las tareas que las mujeres llevaban a cabo en sus hogares, además de la crianza y el cuidado de los hijos y de las personas mayores, la preparación de las comidas, la limpieza y arreglo de la casa y muchas otras, se encontraba el lavado de la ropa, tanto la de vestir como la de la casa. Por supuesto, a estas tareas se unían todas las demás faenas agrícolas y ganaderas que la mujer realizaba fuera del hogar, casi siempre sin remunerar.
 
Las familias más acomodadas tenían entre su servidumbre mujeres que se dedicaban al lavado de la ropa, pero tanto las clases medias como gran parte de las comunidades religiosas, hospitales y hospicios, contrataban este servicio con alguna de las muchísimas lavanderas que se dedicaban profesionalmente a este oficio. La ausencia de agua corriente y del espacio necesario en la mayoría de las viviendas obligaba a las mujeres a desplazarse, a veces varios kilómetros, cargando los fardos de la ropa hasta las corrientes de agua o charcas donde estaba permitido el lavado; en la ciudad de Cáceres los lavaderos más populares eran Hinche, la Madrila y Beltrán, en el entorno del regato de Aguas Vivas, así como otros más alejados en las antiguas minas de Valdeflores, y por supuesto las charcas de Malpartida, Casar de Cáceres y Arroyo de la Luz. Cada semana, en invierno y en verano, decenas de lavanderas de estos pueblos iban andando a la capital para recoger casa por casa los hatos de ropa sucia y devolver la ropa lavada de la semana anterior.
 
El lavado de la ropa incluía un primer remojado de las prendas golpeándola con una paleta de madera y, después, el procedimiento de la llamada colada, consistente en hacer pasar varias veces (colar) lejía por una cuba, dotada de un desagüe, donde la ropa estaba sumergida en agua hirviendo. Esto solía hacerse mezclando el agua con cenizas, que tienen el principio activo de la sosa y la potasa, capaces de disolver las materias grasas. Tras ello, se remojaba y enjabonaba la ropa y se dejaba al sol sobre la hierba, para que de ese modo se blanqueara, después se aclaraba con agua y finalmente se volvía a tender para su secado. En las casas de los clientes, cada uno de ellos tenía marcada su ropa para evitar confusiones, y era usual que se utilizaran cartones o tablas como la que exponemos para llevar el recuento de las prendas que se llevaba la lavandera, las mismas que debía devolver una semana después; en un mundo en que el analfabetismo femenino estaba tan extendido, el sistema de recuento evitando los guarismos resultaba sumamente útil. La tabla que se expone fue donada al Museo de Cáceres en 2010 por Dña. Milagros Bornay.

lunes, 5 de mayo de 2014

La Pieza del mes. Mayo de 2013


Cupones de Racionamiento
Papel
Provincia de Badajoz, primer semestre de 1949


Entre las desastrosas consecuencias de la Guerra Civil española de 1936-1939 y el posterior aislamiento internacional a que se vio sometido el Régimen franquista, se encuentra la escasez de productos alimenticios de todo tipo y los consiguientes problemas de abastecimiento, que causaron una verdadera crisis de subsistencia en la que sucumbieron no pocos ciudadanos, especialmente niños, enfermos y personas mayores.
 
Para tratar de paliar esta gran necesidad e intentar garantizar una equitativa distribución de los alimentos disponibles, el Estado instituyó el uso de la Cartilla de Racionamiento, que estuvo en vigor desde mayo de 1939 hasta mayo de 1952. Según este sistema, cada individuo (al principio cada familia) disponía de una cartilla en que se le asignaban cupones para la retirada de los productos de primera necesidad que podía consumir cada semana; la cantidad de alimentos era fijada por la Comisaría General de Abastos, que a través de sus delegaciones provinciales indicaba los establecimientos de ultramarinos o panadería adonde podían acudir los ciudadanos con sus cupones, que previamente habían pagado de acuerdo con unos precios también fijados por la misma Comisaría General.
 
Los alimentos, y otros productos distribuidos, cambiaban según las necesidades, el suministro disponible y la categoría de la Cartilla, ya que había varios grupos: hombres adultos, mujeres adultas (ración del 80% del hombre adulto), niños y niñas hasta catorce años (ración del 60% del hombre adulto) y hombres y mujeres de más de sesenta años (ración del 80% del hombre adulto); además, la asignación de cupos podía ser diferente también en función del tipo de trabajo del cabeza de familia. Un modelo de la cantidad media asignada por persona para una semana podía incluir más o menos un cuarto de litro de aceite, 100 gramos de azúcar terciada, 100 gramos de garbanzos, 200 de jabón, 1 Kg. de patatas y un bollito diario de pan de 100 gramos. La carne, por otro lado, tenía su propia cartilla aparte.
 
Teóricamente no era posible adquirir los productos racionados fuera del sistema establecido, pero rápidamente surgió la picaresca de quienes vendían los productos en el mercado negro a precios muy superiores a los fijados. Mediante el llamado estraperlo, quienes podían permitírselo compraban cantidades superiores a las autorizadas o alimentos que no se ofrecían en el sistema legal, lo que favoreció el surgimiento de grandes fortunas basadas en una corrupción generalizada que afectaba a productores, intermediarios, consumidores y a las propias autoridades encargadas del control del sistema.

martes, 8 de abril de 2014

Video. El Cáceres que fue

El Cáceres que fue
 
Comprueba cómo ha cambiado la ciudad de Cáceres durante el último siglo. Para saber más, visita nuestra exposición "El Cáceres que fue. Imágenes de ayer y de hoy" hasta el próximo 4 de mayo.




martes, 1 de abril de 2014

La pieza del mes. Abril de 2014


«Candelaria» (1933)
Enrique Pérez Comendador (1900-1981)
Escultura en piedra caliza policromada

 
Esta talla del escultor Enrique Pérez Comendador (Hervás, 1900 – Madrid, 1981) pertenece a la colección del Museo Pérez Comendador-Leroux de Hervás, y se expone en el marco del proyecto «Candelaria Itinerante», en el que participan el Museo Etnográfico Textil de Plasencia, El Museo de Cáceres y el Museo del Escultor Mateo Hernández de Béjar (Salamanca), además del propio Museo Pérez Comendador-Leroux de Hervás.
 
La obra en cuestión debe contextualizarse en un momento del Arte español marcado entre el año 1925, cuando Comendador ejecuta su primer monumento público, el busto de Gabriel y Galán en Cáceres, coincidiendo con la Exposición del Traje Regional Español y la Exposición de Artistas Ibéricos, y 1938, ya durante la guerra civil, en que Comendador realiza, poco antes de acabar su pensionado en Roma, su obra «Serenero» un desnudo femenino en madera.
 
Se sabe que tanto Pérez Comendador como su esposa, la pintora Magdalena Leroux, ya habían estado en Candelario (Salamanca) hacia 1930; por esos años, el escultor de Hervás cultiva profusamente la talla policromada en piedra, mármol, barro o madera, y paralelamente los trabajos del fotógrafo José Ortiz Echagüe dan a conocer esenciales aspectos artísticos de la indumentaria tradicional de Candelario. Todo ello coincide con el proceso de formación del Museo del Traje, surgido tras la exposición de 1925, que cristalizará en la fundación del Museo del Pueblo Español (1934).
 
Probablemente imbuido de ese ambiente de reivindicación artística del traje tradicional, Comendador crea una obra cuya policromía recupera el arte de los imagineros sevillanos del siglo XVI partiendo de la representación de un personaje de carne y hueso, Dña. Petra Muñoz, que aparece ataviada con las prendas típicas del traje de «Candelaria»: el jubón, el serenero o mantoncillo que cubre el talle, el moño «de picaporte» y el aderezo de filigrana. Esta representación humana y realista adquiere una dimensión casi sacra, al incorporar el dorado de la policromía y representar a la mujer al estilo de una Dama oferente, con una colodra, o vaso de cuerno, en la mano que inmediatamente trae a la memoria la referencia de la Dama de Elche, la cual Comendador había visto en el Louvre precisamente por esos años.
 
Por otro lado, el gesto de los brazos cruzados sobre el pecho es una inevitable referencia al arte oriental de raigambre egipcia, algo apreciable también en otra pequeña figura de Comendador que representa a una «Candelaria» de cuerpo entero adelantando su pie izquierdo al estilo de la estatuaria egipcia que también conoció el artista en sus visitas al Louvre en los primeros años de la década de 1930.

lunes, 3 de febrero de 2014

La pieza del mes. Febrero de 2014



Cámara fotográfica de cajón
Madera, elementos metálicos y lentes
Francia, ca. 1900
 
Aproximadamente en la última década del siglo XIX se popularizó un sencillo tipo de cámara fotográfica, que consiste básicamente en una caja de madera, dotada de un objetivo fotográfico, que albergaba los negativos que debían ser impresionados. Los primeros modelos de esta cámara podían acoger entre 6 y 12 placas fotográficas de vidrio, de 12 x 9 cm. o de 6,5 x 9 cm., y disponían de un engranaje que permitía ir pasando las placas, una vez impresionadas, a la parte baja de la cámara donde quedaban almacenadas para su posterior revelado, de ahí el nombre que recibió este modelo en el mundo anglosajón, magazine camera.

Por tratarse de un modelo muy barato y sencillo de fabricar y de usar, la cámara de cajón se extendió rápidamente por Europa y Norteamérica, siendo la reina de la fotografía familiar hasta los años 30 del siglo pasado. La popularidad se incrementó desde que, en 1888, George Eastman introdujo el uso del rollo fotográfico en este tipo de cámaras, que permitía disponer de hasta un centenar de imágenes en un solo carrete.
La cámara de cajón era versátil y fácil de utilizar y transportar, de hecho era el tipo aconsejado para los principiantes en el arte de la fotografía; disponía de dos visores, uno para fotos horizontales y el otro para verticales, y un obturador sencillo que podía mantenerse abierto a voluntad del fotógrafo, o realizar una instantánea. Los modelos más elementales, a pesar de incorporar una sencilla lente de menisco, permitían enfocar ligeramente la imagen según la distancia al objetivo, pero tenían el inconveniente de ser útiles solo con la luz del día, si bien poco a poco incorporaron innovaciones que fueron  perfeccionándolos, como una conexión para flash, latiguillo disparador, visor abatible, rosca para trípode, etc.
La sencillez de su fabricación permitió que el modelo fuera manufacturado no sólo por las grandes firmas del ramo (la Kodak Brownie o la AGFA Box son clásicos de este formato), sino también por pequeños fabricantes casi artesanales.
La cámara que exponemos como Pieza del mes, cedida para la ocasión, es un modelo básico hecho por un fabricante anónimo probablemente francés, similar a los modelos allí llamados Détective, que a principios del siglo XX comercializaban en el país vecino las casas Franceville, Photo-Sport o M. E. Silvestre entre otras muchas. Se trata de una cámara que permitía la utilización de seis placas fotográficas de 9 x 12 cm., con dos visores y obturador rotativo de acción doble para evitar que el fotógrafo impresione dos veces la misma placa por descuido.

martes, 3 de diciembre de 2013

La pieza del mes. Diciembre de 2013


«El Vittoriano» (1998)
Damián Flores Llanos (Acehúche, Cáceres,1963)
Óleo sobre lienzo
 
 
Pintor de solemnes arquitecturas, de solitarios paisajes y de silenciosos retratos, sus obras despiden calma, pero si uno se demora al contemplarlas es capaz de percibir en ellas el transcurrir de la vida, la fugacidad del hombre. Los cuadros de Damián Flores nacen de la realidad, porque todos tienen un referente real en alguna parte. Sin embargo, no es pintor de realidades concretas, ya que suele pervertir el referente, modificando perspectivas o aislándolo de su contexto para insertarlo en otro que le cuadre mejor.
 
Flores es un artista sensible que domina el espacio pictórico, el color y la luz, un pintor que posee una vasta cultura literaria e histórica, y un viajero incansable; tiene un ojo experto en la contemplación de los motivos arquitectónicos que particularmente le interesan. En él hay una atracción por la sobriedad de líneas, admira el racionalismo y la pureza geométrica de las formas y su inclinación hacia lo esencial de la arquitectura.
Además, es un excelente retratista. En los últimos años ha ido creando una especial galería de figuras del pasado y del presente, por él admiradas. Donde se incluyen escritores, arquitectos, pintores, compositores, fotógrafos, cineastas... Cada retrato es ocasión para una profunda reflexión sobre el universo del homenajeado, aunque a veces juega a la ubicación imposible, la descontextualización o el guiño cómplice.
 
Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, especialidad de Grabado, ha realizado desde 1992 un buen número de exposiciones individuales y colectivas en galerías de Madrid, Santander, Córdoba, Cáceres... y ha participado en varias ediciones de la feria ARCO de Madrid. En 1996 estuvo becado por el Ministerio de Asuntos Exteriores en la Academia de España en Roma.
 
Cuentan con obra suya, entre otras instituciones, el Museo Municipal de Madrid, el Ministerio de Asuntos Exteriores, la Colección Unión FENOSA, el MEIAC de Badajoz, el Centro Galego de Arte Contemporáneo o la Universidad de Valencia.
 
Esta obra, titulada “El Vittoriano” –nombre por el que se conoce al Monumento Nacional a Vittorio Emmanuele II, en Roma-, pone de relieve esa manera de Damián Flores de captar los detalles a través del ojo de una cámara para plasmarlos después en el lienzo. Fue adquirida por la Junta de Extremadura en 2010 y depositada en el Museo de Cáceres para formar parte de su Sección de Bellas Artes.
 

martes, 19 de noviembre de 2013

Conferencia. 21 de noviembre


Jueves, 21 de Noviembre
19,45 horas
La aportación cacereña al Pabellón de Extremadura en la Exposición Iberoamericana de Sevilla (1929)
Por D. Juan M. Valadés Sierra
Director del Museo de Cáceres


La bibliografía hasta ahora existente sobre la participación extremeña en la Exposición Iberoamericana de 1929 ha venido ignorando o minusvalorando las aportaciones realizadas por la provincia de Cáceres, debido a una escasa explotación de las fuentes. En la conferencia se tratará de restituir la realidad de los contenidos del Pabellón de Extremadura, recordando o dando a conocer la “otra mitad” hasta ahora semioculta, poniendo de relieve el esfuerzo desplegado por el comité cacereño para ofrecer una interesante muestra del Patrimonio Cultural de la provincia, y reconociendo el trabajo de las personas que lo hicieron posible

martes, 5 de noviembre de 2013

La pieza del mes. Noviembre de 2013


 
 
Retrato de una familia chinata
Fotografía
Manuel y José Díez, Plasencia (ca. 1906-1911)

Entre los numerosos objetos recopilados por D. Pedro Pérez Enciso que forman parte de la colección del Museo de Cáceres, se encuentra esta fotografía en la que sabemos que está retratada la familia Morán, de Malpartida de Plasencia. El grupo que aparece, ataviado con los trajes típicos de chinatos, está compuesto por el matrimonio formado por Ciriaco Morán Suárez (1845-1917) y Macaria Manzano González (1864-1919), y sus hijas Juliana Morán Manza-no (1896-1975) a la izquier-da y Ángela Morán Manza-no (1888-1911) a la dere-cha. Falta el más pequeño de los hijos, Daniel, que falleció en 1901 a los diecinueve meses de edad.
 
De las dos hijas, Ángela falleció soltera, y Juliana casó en enero de 1917 con Felipe Tomé Fernández (1882-1953), pero no tuvieron descendencia. El Museo de Cáceres posee un buen número de piezas que proceden de Malpartida de Plasencia, especialmente prendas de vestir y textiles, y de ellas, varias pertenecieron a esta familia. Identificados con el nombre completo o con las iniciales, encontramos sábanas, alforjas, diversas prendas de vestir interiores y exteriores y hasta un sello de pan que pertenecieron tanto a Ángela como a Juliana Morán y a su marido Felipe Tomé. Sabemos, además, que Juliana Morán, vendió por 80 pesetas varias de las prendas del traje de Malpartida de Plasencia que el Comité cacereño de la Exposición Iberoamericana de Sevilla adquirió en enero de 1929 para figurar en el Pabellón de Extremadura, prendas que después de la muestra pasaron a formar parte de la colección del Museo de Cáceres.
 
El padre, Ramón Ciriaco Morán Suárez, era un pequeño labrador que casó en primeras nupcias con María García (1867) y tras el fallecimiento de ésta contrajo nuevo matrimonio en 1886 con Macaria Manzano. Gracias al primer matrimonio pasó de empleado a propietario y alcanzó cierta prosperidad; así, su hija Juliana también fue a casar con uno de los propietarios más prósperos de Malpartida de Plasencia; Felipe Tomé llegó a ser alcalde de la localidad y adquirió una fábrica de harinas que funcionó durante muchos años y fue conocida como “molino del tío Felipe Tomé” o “de la tía Juliana”. Hoy día, el pueblo le ha dedicado a Felipe Tomé una de sus calles.
 
La fotografía fue tomada sin duda en Plasencia en la segunda mitad del primer decenio del siglo XX. Los hermanos Manuel y José Díez instalaron su estudio fotográfico hacia 1893 en el número 14 de la Calle Santa Ana, separándose posteriormente y trabajando cada uno por su cuenta, Manuel en la Calle Carmelitas y José en la Plaza Mayor. Las hijas de Manuel, María del Carmen y María Eugenia, también llevaron el negocio de su padre, que alternaba la fotografía con la pintura religiosa, y finalmente el oficio fue heredado por Manuel, el hijo más pequeño, que tuvo estudio en la Plaza Mayor hasta su jubilación en 1990.
 
Agradecimientos:
D. Dionisio Clemente Fernández, investigador
D. Santos Paradés Muñoz, Párroco de Malpartida de Plasencia

martes, 22 de octubre de 2013

Ouka Leele. Inédita


Del 24 de octubre al 24 de noviembre


La Consejería de Educación y Cultura y el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, presentan la exposición «Ouka Leele. Inédita», una muestra comisariada por Rafael Gordon, que ofrece una oportunidad única para conocer el lado más oculto de la obra fotográfica de la artista a través de un recorrido por algunos de sus trabajos inéditos.
La exposición se convierte así en una antológica que celebra la madurez artística alcanzada por Bárbara Allende Gil de Biedma, nombre real de Ouka Leele, después de tres décadas de trabajo. Las imágenes escogidas, que reflejan su dominio técnico y su constante creatividad, son una perfecta síntesis para entender las diferentes etapas de la fotógrafa: sus imágenes en blanco y negro, sus pioneras obras coloreadas y sus últimos trabajos donde asumió el punto de inflexión digital en la fotografía. 

La percepción del conjunto de las obras pretende transmitir la idea de una comedia humana en fotografías, un auténtico viaje interior, hondo y pleno de dolorido sentir. Retratos, autorretratos y escenas, que son verdaderos poemas visuales, integran una exposición ecléctica y cargada de referencias a mundos externos (civilizaciones antiguas, mitologías diversas, literatura) e internos (familia, amigos, sueños…).


«Ouka Leele. Inédita» es la oportunidad de entrar en contacto, más ampliamente que nunca, con un lenguaje, una sensibilidad y un discurso poético que ha nacido del contacto con la experiencia de la vida, incluido ese «dolorido sentir», y ha crecido con el tiempo, con nuestro tiempo, hasta hoy. 


Inauguración:
Jueves, 24 de octubre a las 20,00 horas
Horario de visita de la muestra:
Martes a sábado de 9,00 a 15,00. Domingo de 10,00 a 15,00. Lunes cerrado.

 
 

viernes, 2 de agosto de 2013

La pieza del mes. Agosto de 2013


Tinaja con tapadera
Cerámica común
Arroyo de la Luz, 1929


El Pabellón de Extremadura en la Exposición  Iberoamericana de Sevilla (1929-1930) fue, como en el caso de las otras regiones y naciones participantes en aquel acontecimiento, una gran ocasión para mostrar al mundo las riquezas culturales, artísticas y económicas de la región.
Para la construcción y montaje expositivo del Pabellón, las Diputaciones provinciales de Cáceres y Badajoz crearon sendos comités, que se coordinaron a través de varias reuniones conjuntas, y financiaron al cincuenta por ciento todos los gastos necesarios para dignificar la representación extremeña. Por su aportación, los personajes más sobresalientes en el comité de Badajoz son Adelardo Covarsí y Enrique Segura Otaño, mientras que por parte cacereña destacaron Miguel Ángel Orti Belmonte, a la sazón director del Museo de Cáceres, y Antonio C. Floriano Cumbreño. Pero entre todos ellos hay que citar el nombre de Ángel Rubio Muñoz-Bocanegra, profesor del Instituto de Cáceres que trabajó como delegado oficial en Sevilla durante todo el proceso de creación y equipamiento del Pabellón, correspondiéndole a él la disposición de la mayor parte de las obras de arte y piezas que se expusieron. Ángel Rubio fue después Diputado a Cortes en la República, y como tal uno de los grandes impulsores de la instalación del Museo de Cáceres en la Casa de las Veletas; tras la guerra civil tuvo que marchar a Panamá, donde se le considera el padre de la moderna geografía en aquel país.
Una de las grandes atracciones del Pabellón extremeño fue una cocina al estilo tradicional extremeño, que se equipó con los enseres más usuales y con dieciséis maniquíes vestidos según era típico en varias localidades de las dos provincias. Dicha cocina fue el precedente inmediato de la que cuatro años después se montó en este Museo y se mantuvo hasta 1972. De hecho, gran parte de los objetos expuestos en la cocina sevillana pasaron directamente a la colección del Museo de Cáceres tras el cierre de la Exposición el 21 de Junio de 1930.
Tal es el caso de la pieza que se expone este mes, una tinaja para el agua con su tapadera de madera, que el comité cacereño adquirió, junto con otras dos tinajas idénticas y sus respectivas tapaderas, así como otras piezas para la cocina, poco antes de la inauguración del Pabellón en el conocido establecimiento “El Precio Fijo”, que regentaba la familia del artista Eulogio Blasco, y estaba situado en el número 5 de la Calle Alfonso XIII (hoy Pintores); dicho establecimiento funcionó entre 1827 y 1972. Las tinajas costaron 3,50 pesetas cada una y con toda probabilidad proceden de uno de los más de cuarenta alfares que entonces funcionaban en la cercana población de Arroyo de la Luz; como cabe imaginar, en aquel año 1929 éste era un objeto de uso común en los hogares, aún sin agua corriente, destinado al almacenaje del agua necesaria para la higiene y el consumo alimenticio.

jueves, 6 de junio de 2013

Exposición. Encuentro y Diálogo


Encuentro y Diálogo
Colecciones de artes visuales del Parlamento y del Gobierno de Extremadura
Del 6 de Junio al 1 de Septiembr

Comisaria: Dra. Dña. María del Mar Lozano Bartolozzi

Las obras que se incluyen en esta exposición han sido seleccionadas de las colecciones de arte contemporáneo del Parlamento y el Gobierno de Extremadura. Son pinturas, fotografías, esculturas y objetos experimentales, vídeos o instalaciones con nuevos soportes que habitualmente, salvo alguna excepción, no están expuestas al público. Su genealogía comienza por haber sido adquiridas después de la instauración de la Democracia y desde una voluntad de coleccionismo, en ferias como Foro Sur, a través de exposiciones, o por medio de becas y ayudas a la creación artística.
La muestra se desarrolla cruzando un discurso expositivo que relaciona unas obras con otras y plantea temáticas subyacentes en algunas de las etapas o trayectorias de los artistas seleccionados. La narración o relato se divide en cinco bloques temáticos.

Arte y Naturaleza. Las aproximaciones al paisaje son tratadas desde distintas ópticas. Las referencias al territorio son un punto de partida que conecta la naturaleza con la interpretación y estetización humana de la misma. Su representación refleja emotividad ante lo concreto o distanciamiento ante el macrocosmos, así como relaciones geográficas, antropológicas e intercambios de algunas historias. Los autores son Ortega Muñoz, Pilar Pequeño, Pedro Calapez, Stefanek & Maslin, Hilario Bravo, Javier Fernández de Molina, Pedro Gamonal, Montserrat Soto, Gabriela Albergaria, Ricard Chiang, Ruth Morán y Ángel Masip.

Polis: espacios urbanos. El paisaje es conceptualizado también a partir de espa-cios urbanos, de lugares que dejan ver en ocasiones hitos arquitectónicos significati-vos, lugares habitables, para manifestar, otras veces, la desterritorialización propia de la Modernidad y de la era global, dan-do como resultado "no lugares" o espacios sin identificación etnográfica. Los autores son Manuel Vilches, Stefan Hoenerloh, Damián Flores, Alonso Gil Lavado, José Mª Mellado Martínez, Eduardo Nave y Pedro Barateiro.

Mito e Identidad. En este apartado se reúnen obras que manifiestan nuevas narraciones de mitos clásicos o de raíz religiosa, a través de versiones contemporáneas, configurando un imaginario común. Además comprendidos como mitos o narraciones, aparecen discursos acerca de la identidad corporal, social, cultural, que pueden ser de carácter legendario o atávico, pasando por la denuncia de la injusticia, de la marginación social y del sufrimiento individual. Los autores son Juan Barjola, Juan José Narbón, Wolf Vostell, Eduardo Arroyo, Liliana Porter, Mon Montoya, Esperanza D'Ors, Antonio Gómez, Alfredo Jaar, Antón Patiño, Maite Cajaraville, Rafa Sendin, Miki Leal y  Martín Sastre.
Presencias y Ausencias. El cuarto bloque temático está dedicado a los distintos modos de introducción de la presencia y de la ausencia dentro de las piezas artísticas seleccionadas. En él podemos encontrar reflexiones en torno al cuerpo, al espacio, al tiempo como tránsito, a la huella como ausencia, como memoria o como pérdida, así como a otras realidades conceptuales relacionadas con la imagen desaparecida o sustraída del presente o de una visión poética y metafórica. Los autores son Helena Almeida, Juan José Aquerreta, Ramón Herreros, Carmen Calvo, Luis Claramunt, Florentino Díaz Flores, José Mª Larrondo, Abraham Lacalle, Juan Carlos Lázaro, Víctor Almeida, Ignacio Llamas y Juan Carlos Martínez.

Poéticas del Fragmento. Este último apartado está dedicado a las poéticas en las que prima el fragmento como núcleo de iniciación y desarrollo creativo. Pueden observarse piezas de carácter abstracto, todas ellas deudoras de una cierta iconoclasia para promover nuevos recursos, o una visión neosurrealista con citas posthistóricas. Hay obras que se inscriben en una abstracción de carácter analítico y, a veces, en una abstracción de carácter orgánico.
Conectados con el fragmento se presentan diferentes trabajos bidimensionales y diversos objetos de carácter escultórico que agrupan en sí ámbitos contextuales distintos. En este apartado tiene, también, cabida el concepto de archivo y de acumulación, en relación a la superposición de fragmentos de tiempo y de restos de experiencias vividas. Los autores son Luis Canelo, Ignacio Tovar, Carlos Pazos, Fernando Sinaga, José Pedro Croft, Felicidad Moreno, Daniel Canogar, Lourdes Murillo, Roberto Coromina, Roberto Mollá, Manu Muniategiandikoetxea, Eduardo Barco, Emilio Gañán y Javier Roz. 
Inauguración: Jueves, 6 de Junio de 2013 a las 19,30 horas
Horario de visita: De martes a sábados, de 9,00 a 15,00 horas. Domingos, de 10,00 a 15,00 horas
 

viernes, 1 de marzo de 2013

La Pieza del mes. Marzo de 2013


 
De la pizarra a la tableta
Pizarras escolares y tabletas
Monroy y Cáceres
 
Nuestra generación, la de quienes nacimos en la década de 1940, nos hemos educado con la pizarra y el pizarrín.
 
Quién no se acuerda de aquella pizarra enmarcada con una madera y con un pequeño agujero, del que se colgaba un cordel para poderla transportar fácilmente; también de este agujero se ataba otro cordel que terminaba en un trapo, que a veces era más grande que la propia pizarra. El propósito del trapo simplemente era limpiar la pizarra, borrando las cuentas o el texto de algún ejercicio que se había hecho. La mejor forma de utilizarlo era escupir varias veces  en la pizarra y secarla con el trapo, así quedaba limpia como una patena; otra solución, cuando apremiaba la limpieza porque empezaba el siguiente ejercicio, era darle la vuelta y escribir en la otra cara de la pizarra.
 
El pizarrín era una barrita algo más corta que un lápiz, de unos 8 cm.; por su fragilidad era fácil que se rompiera en dos o tres fragmentos si se caía al suelo; al apretarlo contra la pizarra, también era frecuente que se rompiese; claro que se tenía la ventaja de que los trozos ya no se rompían con facilidad. A menudo el pizarrín se perdía y al comenzar un nuevo ejercicio era necesario recurrir al compañero más próximo para pedirle un trozo, para lo que tenía que partir el suyo.
Así mismo, las madres solían hacer una talega o bolsa de algodón que se usaba para llevar y traer a la escuela la pizarra con su pizarrín; éste era el medio más usado para ello y servía también para guardarla cuando no se utilizaba; por supuesto, servía también para guardar todos los tesoros de los niños: la peonza, los bolindres, las chapas, etc…. Recuerdo que no era fácil encontrar los trozos del pizarrín, había que buscar y rebuscar en el fondo de la talega y al final algún trozo aparecía.
 
Sólo han pasado 65 años de aquella pizarra, y hoy hemos pasado a la tableta electrónica; la diferencia es abismal, de poder escribir cuatro letras a encontrar toda una biblioteca, poder escribir un libro, hacer fotografías, ver la T.V. o comunicarnos con todo el mundo simplemente a voluntad. Se puede decir que el parecido entre ambos soportes radica sólo en la forma y el tamaño.
 
Nuestro agradecimiento por haber prestado las pizarras expuestas a la Asociación Histórico Cultural  “El Bezudo”  de Monroy (Cáceres), y a Foto González, de Cáceres, por el préstamo de las tabletas.
Emilio González Núñez

viernes, 1 de febrero de 2013

La Pieza del mes. Febrero de 2013


 
«A la fiesta del pueblo» (1916)
Eugenio Hermoso (Fregenal de la Sierra, 1883 – Madrid, 1963)
Óleo sobre lienzo
 
Dentro de la pintura regionalista extremeña desarrollada en las primeras décadas del siglo XX, ocupan un lugar destacado el pintor Eugenio Hermoso y su obra «A la fiesta del pueblo», que consiguió la Primera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1917.
 
El pintor Eugenio Hermoso comienza su formación académica en Sevilla, en la Escuela de Bellas Artes, siendo discípulo de Gonzalo Bilbao y Jiménez Aranda, y continúa en Madrid, donde alterna sus estudios en la Academia de San Fernando con la copia de obras en el Museo del Prado, siendo Velázquez, El Greco y Goya sus modelos preferidos. En 1941 fue elegido Académico de San Fernando y catedrático de la Escuela Superior de Bellas Artes.
 
Realizó viajes por Europa que le sirvieron para enriquecer su paleta cromática, pero también para reafirmarse en su pintura de tradición romántica. Después de una breve etapa presidida por el realismo y la temática infantil, con cierta influencia de la pintura barroca española, inicia, a partir de 1906 su temática extremeña. Con un arte que oscila entre la tradición murillesca de su paso por Sevilla y la técnica impresionista que aprende en Madrid y había visto en sus viajes por Europa, como se manifiesta en «A la fiesta del pueblo», donde se aprecia una mayor soltura técnica y la poca preocupación del artista por dar a la superficie final de su cuadro la apariencia lisa y brillante de etapas anteriores.
 
A partir de los cuarenta años, la pintura de Hermoso varía ligeramente de rumbos técnicos y temáticos; los fondos de sus lienzos se hacen más abstractos, su paleta se ilumina y, junto al costumbrismo, aparecen otros géneros como el desnudo y el simbolismo.
 
Eugenio Hermoso al pintar «A la fiesta del pueblo» realiza una estampa típicamente costumbrista, resuelta con una modernidad sosegada. El grupo de figuras crea un ritmo dinámico y compensado. Sus jóvenes están ataviadas con trajes típicos extremeños y sus expresiones, aunque alegres, parecen atemporales; hay un dominio de la combinación cromática, con tonos decorativos rosas y malvas sobre todo en el extenso y, como siempre, alto horizonte en el que finaliza el paisaje hecho con bastante libertad.
 
El regionalismo se centra en las costumbres y el folklore de cada región, en reflejar la vida de un pueblo en esa época, pero en el caso de Eugenio Hermoso con una visión optimista. 
 
Con la presente «Pieza del mes», el Museo de Cáceres se suma a los actos conmemorativos del Cincuentenario del fallecimiento de Eugenio Hermoso, acaecido el 2 de Febrero de 1963.

lunes, 3 de diciembre de 2012

La pieza del mes. Diciembre de 2012


 
 
Cachimba
Roca vitrificada y madera
El Gasco (Nuñomoral, Las Hurdes) 
 
En la alquería hurdana de El Gasco se encuentra un montecillo que es conocido como “El Picu del Castillu”, sin duda porque se observan en él restos de un probable castro amurallado. Su principal particularidad es la presencia de un tipo de roca similar a la piedra pómez, la cual ha sido sucesivamente explicada por los científicos como los restos de una vieja actividad volcánica, de ahí la denominación de “El volcán de El Gasco”, el efecto del impacto de un meteorito, y últimamente como la vitrificación a que llegó la roca de la construcción defensiva debido al incendio de una  gran cantidad de madera que tal vez la cubría.
 
Este material pétreo ha sido utilizado por los artesanos, durante generaciones, para la fabricación de diferentes elementos decorativos y, sobre todo, de cazoletas de cachimba. Lamentablemente, el yacimiento parece haber sido recientemente esquilmado para el aprovechamiento de la piedra en la industria del lavado de pantalones, pese a su valor arqueológico y a haber sido declarado Lugar de Interés Científico por la Junta de Extremadura mediante Decreto de 29 de julio de 2003.
 
Entre los hurdanos que se han dedicado a la fabricación de cachimbas en El Gasco destaca sin duda Eusebio Martín Domínguez, tío Eusebio, pastor de cabras, carbonero, hortelano y magnífico artesano; fabricaba cachimbas con madera de brezo y piedra del volcán, y otros enseres con madera de nogal. Tío Eusebio, que falleció en 1987,  era además un verdadero archivo viviente de historias, anécdotas y cantares de Las Hurdes, un auténtico zajoril, es decir, hombre sabio y respetado, considerado bueno y justo, conocedor de las costumbres y capaz de mediar en pleitos y conflictos, con un buen conocimiento sobre medicina popular, artesanía y tradición oral.
 
Tío Eusebio fue quien empezó a vender las cachimbas en El Gasco, una tradición en la que continúan  algunos  artesanos como Cristino Crespo o  José Aceituna, quienes siguen utilizando la misma técnica y materiales de trabajo de tío Eusebio. La cachimba de El Gasco puede ser entera de madera, fabricándose con cepa de brezo, olivo o nogal y decorándose al pirograbado con motivos de espiga o geométricos, o también con la boquilla de madera y la cazoleta de piedra del Picu del Castillu. La piedra se lima contra el suelo para darle forma y suavizarla, luego se moldea con un destornillador o cuchillo, con un tubo acodado se hace el agujero para poner el tabaco, y con un alambre se abre poco a poco el del tiro de la boquilla. Las de madera se decoran con un hierro apuntado (sobillón) calentado al fuego.
 
La cachimba que se expone ingresó en el Museo de Cáceres en 1998 por donación de su propietario, que años antes la había adquirido al tío Eusebio. 
 
Tío Eusebio en 1987. (Fotografía Demetrio González Núñez)
 

lunes, 26 de noviembre de 2012

Conferencia. Sorolla, Ortiz Echagüe y la indumentaria tradicional en la provincia de Cáceres

 
Mañana martes, 27 de Noviembre, finaliza el Ciclo de Conferencias “Historia y Patrimonio cultural de Cáceres (II)” que ha sido organizado por el Museo de Cáceres y la Asociación "Adaegina" Amigos del Museo de Cáceres. En esta ocasión, la conferencia que comenzará a las 19,45 horas, lleva por título “Sorolla, Ortiz Echagüe y la indumentaria tradicional en la provincia de Cáceres”, y será impartida por D. Juan M. Valadés Sierra, Director del Museo de Cáceres y Socio de “Adaegina”. 

Juan M. Valadés Sierra es Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid, en la especialidad de Prehistoria y Etnología. Ha sido Técnico Superior en el Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales del Ministerio de Cultura (actualmente Instituto del Patrimonio Cultural de España), (1986-1994) y  Profesor Asociado de la Universidad Complutense de Madrid (1992-1997); ha trabajado también como Técnico Superior de Museos (1994-1995) y Conservador de Museos (1995-1997) en el Museo Nacional de Antropología (antiguo Museo del Pueblo Español).



Desde Mayo de 1997 es Director del Museo de Cáceres, donde viene desarrollando una intensa actividad de difusión cultural además de redactar el Plan Museológico que habrá de servir para la rehabilitación integral de los edificios del Museo por el Ministerio de Educación y Cultura; además, es vocal del Consejo Rector del Museo Pérez Comendador-Leroux de Hervás (Cáceres), Delegado para Extremadura del Consejo Internacional de Museos (ICOM-CE), miembro de la Asociación Profesional de Museólogos de España, de la Asociación Española de Museólogos y de la Plataforma Transfronteriza de Museos “Mouseion”, además de miembro del Consejo de Redacción de la revista Etnicex editada por la Asociación Profesional Extremeña de Antropología.



Acerca de la emigración extremeña durante la segunda mitad del siglo XX ha publicado dos libros y una decena de artículos. Además es autor de numerosos trabajos sobre Patrimonio cultural y Museología, que ha publicado en revistas como Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, Anales del Museo Nacional de Antropología, Revista de Estudios Extremeños, Revista de Extremadura, Alcántara, Museo, Revista de Arqueología, Ars et Sapientia, etc.


Entre sus publicaciones más recientes se encuentran “El Museo, de albacea de la memoria a producto turístico”, en la obra colectiva Bienes culturales, turismo y desarrollo sostenible (Sevilla, 2010) o los artículos “Museos locales y museos provinciales en Extremadura. Una mirada crítica”, en Revista de Estudios Extremeños (2010) y “Vivir como un cura. El hogar de un clérigo acomodado en Extremadura al final del Antiguo Régimen”, en la revista Etnicex (2011).



En 1994 publicó el artículo “La indumentaria como símbolo regional. La tradición inventada en el caso del traje femenino de Montehermoso”, y en la actualidad está ultimando una nueva publicación sobre la indumentaria tradicional y la identidad extremeña, parte de la cual conforma la conferencia que hoy ofrece.