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martes, 11 de marzo de 2014

Conferencia. 13 de marzo

Indumentaria y cultura tradicional de Montehermoso
13 de marzo, a las 19,45 horas 



Anunciamos la próxima charla del V Ciclo de conferencias “Historia y Patrimonio cultural de Cáceres”, que se celebrará el próximo jueves, 13 de marzo a las 19,45 horas en el Salón de Actos del Museo de Cáceres, bajo el título “Indumentaria y la cultura tradicional de Montehermoso”, a cargo de D. Juan Jesús Sánchez Alcón.

Juan Jesús Sánchez Alcón es Educador Ambiental y ha presidido Asociación cultural “Andares” entre 2004 y 2014. Ha desarrollado numerosas actividades relacionadas con la educación ambiental, el conocimiento del entorno, la protección del medio ambiente y la investigación y difusión de la cultura tradicional, llevando a cabo labores de dinamizador social, turístico y voluntariado ambiental en Asociación Andares.

En el campo de la Historia y la Cultura Tradicional montehermoseñas ha impartido numerosas charlas y proyecciones gráficas, sobre “Historia, Fiestas y Tradiciones de Montehermoso” y “Montehermoso, imagenes para la historia”, además de tomar parte en Jornadas de investigación sobre Historia, Patrimonio, Folklore y tradiciones perdidas en Montehermoso y en el Proyecto de investigación “Diálogos para la Historia”.

Ha organizado distintas rutas por el itinerario patrimonial del Complejo Arqueológico-Etnográfico de la dehesa boyal de Montehermoso, además de varias Jornadas de limpieza y conservación de la citada Dehesa, Recuperación de fauna herida o maltratada a través de acciones de Voluntariado Ambiental, seguimiento y vigilancia de especies amenazadas, estudio de recursos naturales y patrimoniales de Montehermoso, estudios sobre flora y fauna, y una colaboración con  SEO/BirdLife para conseguir la declaración de dos Áreas de Importancia para las Aves (IBAs) en el norte de Extremadura.

Viene desarrollando también una intensa labor de colaboración con Ampas, colegios e institutos para la realización de Jornadas de Educación Ambiental y Conocimiento del Entorno y del Programa de Educación Ambiental “El Aula Verde” desde el año 2007 al año 2013, con un total de 10.340 participantes.

La conferencia tendrá lugar en el Salón de Actos del Museo de Cáceres, la entrada es libre y gratuita.

martes, 19 de noviembre de 2013

Conferencia. 21 de noviembre


Jueves, 21 de Noviembre
19,45 horas
La aportación cacereña al Pabellón de Extremadura en la Exposición Iberoamericana de Sevilla (1929)
Por D. Juan M. Valadés Sierra
Director del Museo de Cáceres


La bibliografía hasta ahora existente sobre la participación extremeña en la Exposición Iberoamericana de 1929 ha venido ignorando o minusvalorando las aportaciones realizadas por la provincia de Cáceres, debido a una escasa explotación de las fuentes. En la conferencia se tratará de restituir la realidad de los contenidos del Pabellón de Extremadura, recordando o dando a conocer la “otra mitad” hasta ahora semioculta, poniendo de relieve el esfuerzo desplegado por el comité cacereño para ofrecer una interesante muestra del Patrimonio Cultural de la provincia, y reconociendo el trabajo de las personas que lo hicieron posible

viernes, 1 de febrero de 2013

La Pieza del mes. Febrero de 2013


 
«A la fiesta del pueblo» (1916)
Eugenio Hermoso (Fregenal de la Sierra, 1883 – Madrid, 1963)
Óleo sobre lienzo
 
Dentro de la pintura regionalista extremeña desarrollada en las primeras décadas del siglo XX, ocupan un lugar destacado el pintor Eugenio Hermoso y su obra «A la fiesta del pueblo», que consiguió la Primera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1917.
 
El pintor Eugenio Hermoso comienza su formación académica en Sevilla, en la Escuela de Bellas Artes, siendo discípulo de Gonzalo Bilbao y Jiménez Aranda, y continúa en Madrid, donde alterna sus estudios en la Academia de San Fernando con la copia de obras en el Museo del Prado, siendo Velázquez, El Greco y Goya sus modelos preferidos. En 1941 fue elegido Académico de San Fernando y catedrático de la Escuela Superior de Bellas Artes.
 
Realizó viajes por Europa que le sirvieron para enriquecer su paleta cromática, pero también para reafirmarse en su pintura de tradición romántica. Después de una breve etapa presidida por el realismo y la temática infantil, con cierta influencia de la pintura barroca española, inicia, a partir de 1906 su temática extremeña. Con un arte que oscila entre la tradición murillesca de su paso por Sevilla y la técnica impresionista que aprende en Madrid y había visto en sus viajes por Europa, como se manifiesta en «A la fiesta del pueblo», donde se aprecia una mayor soltura técnica y la poca preocupación del artista por dar a la superficie final de su cuadro la apariencia lisa y brillante de etapas anteriores.
 
A partir de los cuarenta años, la pintura de Hermoso varía ligeramente de rumbos técnicos y temáticos; los fondos de sus lienzos se hacen más abstractos, su paleta se ilumina y, junto al costumbrismo, aparecen otros géneros como el desnudo y el simbolismo.
 
Eugenio Hermoso al pintar «A la fiesta del pueblo» realiza una estampa típicamente costumbrista, resuelta con una modernidad sosegada. El grupo de figuras crea un ritmo dinámico y compensado. Sus jóvenes están ataviadas con trajes típicos extremeños y sus expresiones, aunque alegres, parecen atemporales; hay un dominio de la combinación cromática, con tonos decorativos rosas y malvas sobre todo en el extenso y, como siempre, alto horizonte en el que finaliza el paisaje hecho con bastante libertad.
 
El regionalismo se centra en las costumbres y el folklore de cada región, en reflejar la vida de un pueblo en esa época, pero en el caso de Eugenio Hermoso con una visión optimista. 
 
Con la presente «Pieza del mes», el Museo de Cáceres se suma a los actos conmemorativos del Cincuentenario del fallecimiento de Eugenio Hermoso, acaecido el 2 de Febrero de 1963.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Conferencia. Sorolla, Ortiz Echagüe y la indumentaria tradicional en la provincia de Cáceres

 
Mañana martes, 27 de Noviembre, finaliza el Ciclo de Conferencias “Historia y Patrimonio cultural de Cáceres (II)” que ha sido organizado por el Museo de Cáceres y la Asociación "Adaegina" Amigos del Museo de Cáceres. En esta ocasión, la conferencia que comenzará a las 19,45 horas, lleva por título “Sorolla, Ortiz Echagüe y la indumentaria tradicional en la provincia de Cáceres”, y será impartida por D. Juan M. Valadés Sierra, Director del Museo de Cáceres y Socio de “Adaegina”. 

Juan M. Valadés Sierra es Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid, en la especialidad de Prehistoria y Etnología. Ha sido Técnico Superior en el Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales del Ministerio de Cultura (actualmente Instituto del Patrimonio Cultural de España), (1986-1994) y  Profesor Asociado de la Universidad Complutense de Madrid (1992-1997); ha trabajado también como Técnico Superior de Museos (1994-1995) y Conservador de Museos (1995-1997) en el Museo Nacional de Antropología (antiguo Museo del Pueblo Español).



Desde Mayo de 1997 es Director del Museo de Cáceres, donde viene desarrollando una intensa actividad de difusión cultural además de redactar el Plan Museológico que habrá de servir para la rehabilitación integral de los edificios del Museo por el Ministerio de Educación y Cultura; además, es vocal del Consejo Rector del Museo Pérez Comendador-Leroux de Hervás (Cáceres), Delegado para Extremadura del Consejo Internacional de Museos (ICOM-CE), miembro de la Asociación Profesional de Museólogos de España, de la Asociación Española de Museólogos y de la Plataforma Transfronteriza de Museos “Mouseion”, además de miembro del Consejo de Redacción de la revista Etnicex editada por la Asociación Profesional Extremeña de Antropología.



Acerca de la emigración extremeña durante la segunda mitad del siglo XX ha publicado dos libros y una decena de artículos. Además es autor de numerosos trabajos sobre Patrimonio cultural y Museología, que ha publicado en revistas como Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, Anales del Museo Nacional de Antropología, Revista de Estudios Extremeños, Revista de Extremadura, Alcántara, Museo, Revista de Arqueología, Ars et Sapientia, etc.


Entre sus publicaciones más recientes se encuentran “El Museo, de albacea de la memoria a producto turístico”, en la obra colectiva Bienes culturales, turismo y desarrollo sostenible (Sevilla, 2010) o los artículos “Museos locales y museos provinciales en Extremadura. Una mirada crítica”, en Revista de Estudios Extremeños (2010) y “Vivir como un cura. El hogar de un clérigo acomodado en Extremadura al final del Antiguo Régimen”, en la revista Etnicex (2011).



En 1994 publicó el artículo “La indumentaria como símbolo regional. La tradición inventada en el caso del traje femenino de Montehermoso”, y en la actualidad está ultimando una nueva publicación sobre la indumentaria tradicional y la identidad extremeña, parte de la cual conforma la conferencia que hoy ofrece.




 

martes, 6 de noviembre de 2012

Ciclo de Conferencias



Ciclo de Conferencias «Historia y Patrimonio cultural de Cáceres» (II)

Del 13 al 27 de Noviembre de 2012

Programa

Martes, 13 de Noviembre
19,45 horas

La cerámica enchinada en la alfarería tradicional de la provincia de Cáceres
Por D. Miguel Alba Calzado,Director del Consorcio de la Ciudad Histórico-Artística y Arqueológica de Mérida

Jueves, 15 de Noviembre
19,45 horas

El retablo de Morales de Arroyo de la Luz.Una nueva visión
Por D. Fernando Claros Vicario,Profesor de Secundaria y Socio de Adaegina

Martes, 20 de Noviembre
19,45 horas

El retablo en la Diócesis de Plasencia, siglos XVI-XVIII
Por D. Vicente Méndez Hernán,Profesor de Historia del Arte de la Universidad de Extremadura.

Jueves, 22 de Noviembre
19,45 horas

Tantas soluciones como casas, pero ¿Todas son válidas?
Por Dña. Mª Ángeles Ávila Macías, Profesora de Secundaria y Socia de Adaegina

Martes, 27 de Noviembre
19,45 horas

Sorolla, Ortiz Echagüe y la indumentaria tradicional en la provincia de Cáceres
Por D. Juan M. Valadés Sierra,Director del Museo de Cáceres y Socio de Adaegina


Todas las conferencias tendrán lugar en el Salón de Actos del Museo. La asistencia es
libre y gratuita.
El presente programa queda sujeto a modificaciones de última hora ajenas a la 
organización; se ruega por ello consultar el blog del Museo para confirmar la celebración 
de cada charla.

Organizan: Asociación «Adaegina» Amigos del Museo de Cáceres y Museo de Cáceres

 

jueves, 31 de mayo de 2012

La pieza del mes. Junio de 2012


Pañuelo de sandía
Tejido de algodón estampado
Primer tercio del siglo XX


En la indumentaria femenina extremeña más usual a lo largo del siglo XIX y primer tercio del XX, entre las prendas exteriores más frecuentes en todas las épocas del año, y de las más variadas en tejido y diseño, destacan los mantones y pañuelos. Éstos solían llevarse doblados por la mitad “en pico” sobre los hombros, cruzándose las puntas por la parte delantera del talle a la altura de la cintura, a modo de dengue o esclavina, cubriendo el jubón o corpiño.

Aunque no hay unanimidad en la denominación, en general se consideran mantones los de Manila y los orientales de cachemir de tejido mecanizado, como los de palma, los de ocho puntas, los alfombraos, los de cintas o los pintados, al igual que los bordados en paño, como son los de manta y los de plumaje. Los pañuelos solían ser de paño de lana llamado merino, destacando una gran variedad de diseños como el de cien colores, tres cenefas y flores naturales, así como los bordados de ramo, de gajo y un buen número de pañoletas de distintos tejidos, y por supuesto el pañuelo de percal o percalina que se conoce como pañuelo de sandía o tomatero.

La mayoría de los pañuelos de talle o de busto responden a diseños que no son autóctonos de Extremadura, sino muy conocidos en otras regiones de España o del extranjero, aunque sí son propios de nuestra provincia el de plumaje, de Malpartida de Cáceres, el de manta, de Arroyo de la Luz, o el de gajo, de Torrejoncillo, que ya expusimos como Pieza del mes en Marzo de 2010.

El pañuelo tomatero o de sandía es una prenda ligera, vistosa y barata ligada al traje de faena o labranza; estampado sobre percal (tejido de algodón), a veces se colocaba bajo el mantón de Manila u otro pañuelo de gala para darle mayor vistosidad. Los motivos decorativos que más se utilizan son los floreados o geométricos en rojo sobre fondo blanco, aunque también son frecuentes a la inversa, tomando sus dos denominaciones principales de ese predominio del color encarnado; así mismo se pueden encontrar con una decoración en negro o azul sobre fondo blanco y en dorado sobre fondo rojo.
Aunque se les ha denominado de tipo francés, parece que en su origen eran importados de Suiza, y después pasaron a ser fabricados en Barcelona; se trata de un modelo que vemos representado ya en un grabado de 1847 que describe una boda en Carrascalejo.
Dado su tamaño relativamente pequeño si se le compara con otros pañuelos, en algunas localidades se le añadía una pieza o una tranzadera a las puntas para facilitar su atado.

Como prenda corriente en las tareas del día a día y de uso extendido en toda la región, aunque especialmente en La Serena, raramente se ve asociado al traje popular de gala de alguna localidad de la región debido precisamente a su carácter cotidiano; lo vemos sin embargo en numerosas representaciones de la pintura costumbrista del primer tercio del siglo XX, particularmente en las obras de Eugenio Hermoso, Juan Caldera o Eulogio Blasco.

El pañuelo que exponemos forma parte de la colección reunida por el comerciante placentino D. Pedro Pérez Enciso, sin que se conserven más indicaciones sobre su procedencia.

martes, 7 de junio de 2011

La Pieza del mes. Junio de 2011

Paño velatorio de boda

Lino. Principios del siglo XX

Malpartida de Plasencia

La velación era una ceremonia litúrgica católica que en origen se celebraba en algún momento después de la misa nupcial, para propiciar que los hijos de la pareja casada fueran cristianamente educados y pudiesen ser sacerdotes. Más recientemente, las bodas pasaron a tener un ceremonial doble que consistía en el desposorio tradicional seguido de la velación, en la que se recibían las bendiciones nupciales.

El ritual exigía que después de la lectura del Evangelio, se cubriese a los novios con el velo, de manera que quedara totalmente cubierta la cabeza de la novia y solamente los hombros y espalda del novio, lo que simbolizaba su libertad, mientras novios y padrinos sostenían velas en las manos, además solía extenderse un cordón sobre los contrayentes que representaba el yugo por el que quedaban uncidos para siempre; así debían permanecer, arrodillados, hasta el final de la Misa. Dado que la velación no podía celebrarse durante la Cuaresma, solía decirse que los novios sólo estaban medio casados si contraían matrimonio en esa época, debiendo velarse en cuanto fuera posible en otra ceremonia distinta. De hecho, la Iglesia consideraba la velación como el rito que culmina la recepción del sacramento y faculta para la cohabitación de los esposos.

Al final de la ceremonia el sacerdote daba por casados y velados a los novios con esta oración: "Ya que habéis cumplido las velaciones según la costumbre de la Iglesia, os amonesto a que guardéis lealtad de uno a otro y que en tiempo de ayuno tengáis castidad. Que el marido ame a la mujer y la mujer al marido y que permanezcáis en el santo temor a Dios. Esposa te doy no sierva, ámala como Cristo amó a su iglesia, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo“.

Según la creencia popular, si el velo o paño se le caía a la novia durante la ceremonia, se presagiaba un desgraciado matrimonio para la pareja; por ello la novia permanecía inmóvil y la madrina estaba pendiente de que la pieza estuviese siempre bien colocada. Para evitarlo, en bastantes lugares de Castilla y en la provincia de Cáceres, la novia llevaba un paño fino y flexible confeccionado por ella misma para cumplir el rito.

El paño velatorio, también llamado velo de boda, suele ser de forma rectangular y decorado en los cuatro lados, pero sobre todo en los extremos, a base de encajes, deshilados y bordados. En este caso, el paño se adorna con estrellas de ocho puntas bordadas, en los extremos del paño lleva anchas franjas de deshilado con pajaritas y ciervos, y todo alrededor una banda de encaje de bolillos rematado en conchas; procede de Malpartida de Plasencia e ingresó en el Museo como parte de la colección de D. Pedro Pérez Enciso.


lunes, 14 de marzo de 2011

Conferencia "La mujer en las danzas tradicionales de Extremadura"



Martes, 15 de marzo de 2011. A las 19,30 horas


“La mujer en las danzas tradicionales en Extremadura”

Por Dña. Pilar Barrios Manzano, Catedrática de didáctica de la expresión musical de la Universidad de Extremadura.


Asistencia libre hasta completar aforo

Actividad programada por el Departamento de Educación del Museo con motivo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, dentro del Ciclo "Historia(s) de Mujer(es)"

lunes, 28 de febrero de 2011

La Pieza del mes. Marzo de 2011

Sombrero «chambergo»

Fieltro. Primer tercio del siglo XX

Plasencia

En la indumentaria tradicional masculina, el sombrero ha sido pieza esencial hasta la desaparición de su uso con los cambios sociales de la posguerra a mediados del siglo XX. En Extremadura, los tipos más usuales son los de paja, utilizados sobre todo para el trabajo, aunque también para el uso diario en verano y fiestas campestres, y los de fieltro de color negro, considerados de mayor elegancia aunque usados con carácter bastante general.

En la provincia de Cáceres el sombrero de fieltro adquirió en el siglo XIX una cierta variedad de formas, sobre todo a partir del declive del popular sombrero calañés de ala ancha. Entre estas formas terminó predominando el llamado de queso, así llamado por su revestimiento de terciopelo en forma de cincho quesero, pero encontramos otros tipos también bastante utilizados, como el llamado chambergo, con copa blanda en forma de cono romo y redondeado.

Este sombrero debe su nombre al Duque de Schomberg (1615-1690), mariscal al servicio de Francia que invadió Cataluña en 1675. Entonces, los soldados españoles quedaron impresionados por el llamativo uniforme de los franceses, con enormes sombreros emplumados y casacas de amplísimas mangas que crearon moda en nuestro país, españolizando el nombre del duque y designando a las casacas chambergas y a los sombreros chambergos. El sombrero chambergo era, pues, de ala ancha que se doblaba y sujetaba en un lateral de la copa, la cual se adornaba con una vistosa pluma.

Con el tiempo, el sombrero fue cambiando hasta permanecer el calificativo chambergo para designar cualquier sombrero de ala y copa blandas; entre 1716 y 1765 hubo varias órdenes y bandos prohibiendo su uso como complemento de la capa larga para evitar el embozado y ocultación del rostro, lo que derivó en el famoso Motín de Esquilache. Hoy día, todavía existe un tipo de gorro militar llamado chambergo.

El sombrero que se expone es de fieltro negro y tiene una copa ligeramente alta y blanda, a la que se puede dar forma con el canto de la mano, rodeada por un cintillo de percal negro cogido con tres botones de pasta negra y acompañado por un cordoncillo trenzado también de color negro. El ala es de mediana anchura y también blanda, ribeteada con una cinta de percal negro en el reborde. Al interior, tiene una cinta también de percal negro para sujetar el sombrero al cuello, y en la base de la copa una fajilla de cuero para darle forma, el forro es de tejido de raso verde donde figura una leyenda de la casa que lo vendía: «Crescencio Cantalapiedra. Plasencia», y la categoría «Extra fino». Se trata de un sombrero probablemente fechado en el primer tercio del siglo XX, semejante al que puede verse en varias fotografías de esa época o al que llevaban los campesinos de Montehermoso representados en una conocida pintura de Juan Caldera fechada en 1926.




martes, 16 de marzo de 2010

La Pieza del mes. Marzo de 2010


Pañuelo de gajo
Lana, seda, raso y lentejuelas bordadas
Torrejoncillo. 2009

Los mantones y pañuelos de talle o busto figuran entre las prendas más características de la indumentaria tradicional extremeña; con toda su variedad de materiales, técnicas y colorido, abrigaban el busto femenino doblados “en pico”, sobre el jubón o camisa y plisados o enrollados.


En general, se consideran mantones los típicos llamados de Manila y los demás de origen oriental, como los de Cachemir, de Palma, alfombraos, de Pavo, etc. Igualmente, son mantones las prendas bordadas en paño, como los de Manta o los de Plumaje. Los pañuelos, por su parte, son todos los de tejido merino, destacando de entre ellos los de Cien Colores, Tres cenefas, Flores naturales, de Ramo, y los de percal o percalina, como el de Sandía. La mayoría de estas prendas pueden encontrarse asociadas a la indumentaria de gran parte de España e incluso de otros países de nuestro entorno; sin embargo algunas de ellas sí pueden considerarse específicamente de la zona suroeste de España, como sucede con el pañuelo de Ramo negro y los bordados sobre merino, o propiamente extremeñas, entre las que hay que citar el pañuelo de Plumaje de Malpartida de Cáceres, el de Manta de Arroyo de la Luz y el de Gajo de Torrejoncillo.


El pañuelo de Gajo, que algunos autores prefieren clasificar como mantón, es una prenda bordada sobre tejido de lana de merino, primitivamente de color azulón aturquesado, morado o guinda (una tonalidad entre burdeos y marrón oscuro), y posteriormente también en negro, sobre el que las artesanas de Torrejoncillo aplican bordados dibujando ramos de uvas que alternan con lentejuelas, cordón de seda, raso, terciopelo y abalorios multicolores figurando hojas de parra y mariposas.


Según destaca María Fernanda Sánchez Franco, el color más popular en la actualidad es el azulón, como la pieza que exponemos, si bien ha vuelto a trabajarse el morado después de haber desaparecido durante varias décadas. Al mismo tiempo, al ser cada vez más difícil encontrar en el comercio el tejido de lana llamado merino, progresivamente ha ido siendo sustituido por otro más ligero llamado Viyela.


La denominación del pañuelo de Gajo le viene dada por la decoración que exhibe: según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, el gajo es un “racimo apiñado de cualquier fruta” o “cada uno de los grupos de uvas en que se divide el racimo”, y efectivamente el motivo principal de los bordados son los racimos de uvas, hojas de parra, zarcillos y mariposas, que le dan un aspecto lujoso y festivo y convierten la prenda en un elemento de prestigio para la propietaria.


Es bien conocida la importancia que Torrejoncillo tuvo en la fabricación de paños, y hay que señalar que, junto a la artesanía del pañuelo de Gajo se conservan en esa localidad otras actividades vivas como la alfarería, la orfebrería o la fabricación de calzado. La pieza que exponemos ha sido realizada por una de estas artesanas torrejoncillanas, Dña. Sagrario Alviz Serrano, y donada al Museo de Cáceres por el Excmo. Ayuntamiento de Torrejoncillo.

lunes, 8 de febrero de 2010

XIII Ciclo de Conferencias

Danzas rituales de Extremadura
Jueves, 11 de Enero de 2010
Conferencia a cargo de Dña. Pilar Barrios Manzano

Dentro del XIII Ciclo de Conferencias del Museo de Cáceres, organizado en colaboración con la Asociación "Adaegina" Amigos del Museo de Cáceres, ofrecemos el próximo día 11 de Febrero la charla "Danzas rituales de Extremadura", que correrá a cargo de Dña. Pilar Barrios Manzano, Catedrática de Didáctica de la Expresión Musical en la Universidad de Extremadura.



La Doctora Barrios compagina la investigación musicológica con la didáctica musical, explicando un curso de doctorado en la Uex sobre "Patrimonio musical extremeño e iberoamericano y su didáctica"; es además autora de numerosas publicaciones referidas al patrimonio musical y dancístico de la región extremeña, entre las que destacan Historia de la música en Cáceres, 1590-1750 (1984), "Danza y ritual en la tradición extremeña" (2005), "La música extremeña en la época de Carlos V" (2000), etc.

La conferencia dará inicio a las 19,30 horas en el Salón de Actos del Museo; la asistencia es libre y gratuita hasta completar el aforo de la sala.

viernes, 28 de agosto de 2009

La pieza del mes. Septiembre de 2009



Mantilla o falda de lana
Montehermoso
Primera mitad del siglo XX


La indumentaria tradicional de la provincia de Cáceres, tiene sus raíces en la forma de vestir cotidiana de las clases populares en los siglos XVIII y XIX. Desde principios del siglo XIX este tipo de vestimenta ha venido experimentando transformaciones, unas consistentes en añadidos de nuevos elementos de lujo y adorno, otras tendentes a homogeneizar los distintos tipos de cada población con el fin de crear el traje típico de cada localidad. Estas prendas continúan su evolución y se estandarizan dando como resultado lo que hoy conocemos como indumentaria extremeña, que se vio también afectada por factores económicos y sociales de la primera mitad del siglo pasado; la carencia económica de gran parte de la población y el interés despertado hacia lo nuevo, favorecieron la reconversión de la indumentaria tradicional en objetos útiles en la incipiente sociedad industrial, dando lugar al desprendimiento de prendas “viejas” por considerarlas de escaso valor y el trueque por objetos de plástico o duralex. Hoy en día los modelos que han sido fijados como indumentaria tradicional de las distintas localidades se continúan vistiendo en romerías, ferias, fiestas patronales, etc. siendo el más conocido de la provincia de Cáceres el traje de mujer de Montehermoso.

Componen este traje la gorra hecha de paja de centeno y adornada con lana de colores y, a veces, un espejito cuando la mujer es joven y con adornos oscuros para las más mayores, prenda propia del traje de diario o trabajo; el pañuelo de cabeza que se usa debajo de la gorra; la esclavina de color negro completamente ribeteada con cordón verde y adornada con cinta de seda roja creando ondulaciones; el jubón negro de satén o raso con puños vueltos bordados y adornados con lentejuelas y abalorios; la mantilla (falda) con pliegues plisados desde la cintura, frecuentemente de color granate (madre de vino) aunque también rojo, amarillo o verde y más corta que las de otras localidades; el mandil negro de lana y listado cerca del bajo en azul y rojo; la faltriquera o limosnera de lana de colores atada a la cintura; las cintas sígueme pollo, bordadas y decoradas con lentejuelas que se suelen colocar prendidas en la cintura cayendo sobre la mantilla; las medias que en Montehermoso siempre son de color azulón; y zapatos de piel negra decorados con vistosos colores.

Esta prenda en concreto, es una mantilla roja que en su parte superior cuenta con frunces, pequeños pliegues a la altura de la cintura que van abriéndose hacia la cadera, recogidos por punto de espiga y punto ruso en azul. Se observan también las típicas “lorzas” (alforzas) del traje de Montehermoso, pliegues horizontales que se sitúan justo por encima de la franja inferior, la llamada cuarta del Obispo, que está decorada con guirnalda floral bordada, algo excepcional en estas prendas. El forro interior, de unos quince centímetros, es de color amarillo. Perteneció a un traje de diario o medio traje, que solía llevarse con pañuelo de Manila o estampado, de la familia Pérez Enciso de Plasencia.

El número de mantillas que componen el traje típico de montehermoseña puede variar según la ocasión. Los trajes de diario solían contar con dos o tres faldas de diferentes colores para ganar vistosidad en el traje, mientras que un traje de novia podía llevar siete mantillas, por lo que la novia debía ser ayudada por una amiga para sostenerse, tal es así, que si no se mareaba durante la ceremonia era considerada toda una heroína.