martes, 11 de marzo de 2014
Conferencia. 13 de marzo
martes, 19 de noviembre de 2013
Conferencia. 21 de noviembre
viernes, 1 de febrero de 2013
La Pieza del mes. Febrero de 2013
lunes, 26 de noviembre de 2012
Conferencia. Sorolla, Ortiz Echagüe y la indumentaria tradicional en la provincia de Cáceres
martes, 6 de noviembre de 2012
Ciclo de Conferencias
La cerámica enchinada en la alfarería tradicional de la provincia de Cáceres
Por D. Miguel Alba Calzado,Director del Consorcio de la Ciudad Histórico-Artística y Arqueológica de Mérida
19,45 horas
El retablo de Morales de Arroyo de la Luz.Una nueva visión
Por D. Fernando Claros Vicario,Profesor de Secundaria y Socio de Adaegina
19,45 horas
El retablo en la Diócesis de Plasencia, siglos XVI-XVIII
Por D. Vicente Méndez Hernán,Profesor de Historia del Arte de la Universidad de Extremadura.
19,45 horas
Tantas soluciones como casas, pero ¿Todas son válidas?
Por Dña. Mª Ángeles Ávila Macías, Profesora de Secundaria y Socia de Adaegina
19,45 horas
Sorolla, Ortiz Echagüe y la indumentaria tradicional en la provincia de Cáceres
Por D. Juan M. Valadés Sierra,Director del Museo de Cáceres y Socio de Adaegina
Organizan: Asociación «Adaegina» Amigos del Museo de Cáceres y Museo de Cáceres
jueves, 31 de mayo de 2012
La pieza del mes. Junio de 2012
martes, 7 de junio de 2011
La Pieza del mes. Junio de 2011
Paño velatorio de boda
Lino. Principios del siglo XX
Malpartida de Plasencia
La velación era una ceremonia litúrgica católica que en origen se celebraba en algún momento después de la misa nupcial, para propiciar que los hijos de la pareja casada fueran cristianamente educados y pudiesen ser sacerdotes. Más recientemente, las bodas pasaron a tener un ceremonial doble que consistía en el desposorio tradicional seguido de la velación, en la que se recibían las bendiciones nupciales.
El ritual exigía que después de la lectura del Evangelio, se cubriese a los novios con el velo, de manera que quedara totalmente cubierta la cabeza de la novia y solamente los hombros y espalda del novio, lo que simbolizaba su libertad, mientras novios y padrinos sostenían velas en las manos, además solía extenderse un cordón sobre los contrayentes que representaba el yugo por el que quedaban uncidos para siempre; así debían permanecer, arrodillados, hasta el final de la Misa. Dado que la velación no podía celebrarse durante la Cuaresma, solía decirse que los novios sólo estaban medio casados si contraían matrimonio en esa época, debiendo velarse en cuanto fuera posible en otra ceremonia distinta. De hecho, la Iglesia consideraba la velación como el rito que culmina la recepción del sacramento y faculta para la cohabitación de los esposos.
Al final de la ceremonia el sacerdote daba por casados y velados a los novios con esta oración: "Ya que habéis cumplido las velaciones según la costumbre de la Iglesia, os amonesto a que guardéis lealtad de uno a otro y que en tiempo de ayuno tengáis castidad. Que el marido ame a la mujer y la mujer al marido y que permanezcáis en el santo temor a Dios. Esposa te doy no sierva, ámala como Cristo amó a su iglesia, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo“.
Según la creencia popular, si el velo o paño se le caía a la novia durante la ceremonia, se presagiaba un desgraciado matrimonio para la pareja; por ello la novia permanecía inmóvil y la madrina estaba pendiente de que la pieza estuviese siempre bien colocada. Para evitarlo, en bastantes lugares de Castilla y en la provincia de Cáceres, la novia llevaba un paño fino y flexible confeccionado por ella misma para cumplir el rito.
El paño velatorio, también llamado velo de boda, suele ser de forma rectangular y decorado en los cuatro lados, pero sobre todo en los extremos, a base de encajes, deshilados y bordados. En este caso, el paño se adorna con estrellas de ocho puntas bordadas, en los extremos del paño lleva anchas franjas de deshilado con pajaritas y ciervos, y todo alrededor una banda de encaje de bolillos rematado en conchas; procede de Malpartida de Plasencia e ingresó en el Museo como parte de la colección de D. Pedro Pérez Enciso.
lunes, 14 de marzo de 2011
Conferencia "La mujer en las danzas tradicionales de Extremadura"

lunes, 28 de febrero de 2011
La Pieza del mes. Marzo de 2011
Sombrero «chambergo»
Fieltro. Primer tercio del siglo XX
Plasencia
En la indumentaria tradicional masculina, el sombrero ha sido pieza esencial hasta la desaparición de su uso con los cambios sociales de la posguerra a mediados del siglo XX. En Extremadura, los tipos más usuales son los de paja, utilizados sobre todo para el trabajo, aunque también para el uso diario en verano y fiestas campestres, y los de fieltro de color negro, considerados de mayor elegancia aunque usados con carácter bastante general.
En la provincia de Cáceres el sombrero de fieltro adquirió en el siglo XIX una cierta variedad de formas, sobre todo a partir del declive del popular sombrero calañés de ala ancha. Entre estas formas terminó predominando el llamado de queso, así llamado por su revestimiento de terciopelo en forma de cincho quesero, pero encontramos otros tipos también bastante utilizados, como el llamado chambergo, con copa blanda en forma de cono romo y redondeado.
Este sombrero debe su nombre al Duque de Schomberg (1615-1690), mariscal al servicio de Francia que invadió Cataluña en 1675. Entonces, los soldados españoles quedaron impresionados por el llamativo uniforme de los franceses, con enormes sombreros emplumados y casacas de amplísimas mangas que crearon moda en nuestro país, españolizando el nombre del duque y designando a las casacas chambergas y a los sombreros chambergos. El sombrero chambergo era, pues, de ala ancha que se doblaba y sujetaba en un lateral de la copa, la cual se adornaba con una vistosa pluma.
Con el tiempo, el sombrero fue cambiando hasta permanecer el calificativo chambergo para designar cualquier sombrero de ala y copa blandas; entre 1716 y 1765 hubo varias órdenes y bandos prohibiendo su uso como complemento de la capa larga para evitar el embozado y ocultación del rostro, lo que derivó en el famoso Motín de Esquilache. Hoy día, todavía existe un tipo de gorro militar llamado chambergo.
El sombrero que se expone es de fieltro negro y tiene una copa ligeramente alta y blanda, a la que se puede dar forma con el canto de la mano, rodeada por un cintillo de percal negro cogido con tres botones de pasta negra y acompañado por un cordoncillo trenzado también de color negro. El ala es de mediana anchura y también blanda, ribeteada con una cinta de percal negro en el reborde. Al interior, tiene una cinta también de percal negro para sujetar el sombrero al cuello, y en la base de la copa una fajilla de cuero para darle forma, el forro es de tejido de raso verde donde figura una leyenda de la casa que lo vendía: «Crescencio Cantalapiedra. Plasencia», y la categoría «Extra fino». Se trata de un sombrero probablemente fechado en el primer tercio del siglo XX, semejante al que puede verse en varias fotografías de esa época o al que llevaban los campesinos de Montehermoso representados en una conocida pintura de Juan Caldera fechada en 1926.
martes, 16 de marzo de 2010
La Pieza del mes. Marzo de 2010
Pañuelo de gajo
Lana, seda, raso y lentejuelas bordadas
Torrejoncillo. 2009
Los mantones y pañuelos de talle o busto figuran entre las prendas más características de la indumentaria tradicional extremeña; con toda su variedad de materiales, técnicas y colorido, abrigaban el busto femenino doblados “en pico”, sobre el jubón o camisa y plisados o enrollados.
En general, se consideran mantones los típicos llamados de Manila y los demás de origen oriental, como los de Cachemir, de Palma, alfombraos, de Pavo, etc. Igualmente, son mantones las prendas bordadas en paño, como los de Manta o los de Plumaje. Los pañuelos, por su parte, son todos los de tejido merino, destacando de entre ellos los de Cien Colores, Tres cenefas, Flores naturales, de Ramo, y los de percal o percalina, como el de Sandía. La mayoría de estas prendas pueden encontrarse asociadas a la indumentaria de gran parte de España e incluso de otros países de nuestro entorno; sin embargo algunas de ellas sí pueden considerarse específicamente de la zona suroeste de España, como sucede con el pañuelo de Ramo negro y los bordados sobre merino, o propiamente extremeñas, entre las que hay que citar el pañuelo de Plumaje de Malpartida de Cáceres, el de Manta de Arroyo de la Luz y el de Gajo de Torrejoncillo.
El pañuelo de Gajo, que algunos autores prefieren clasificar como mantón, es una prenda bordada sobre tejido de lana de merino, primitivamente de color azulón aturquesado, morado o guinda (una tonalidad entre burdeos y marrón oscuro), y posteriormente también en negro, sobre el que las artesanas de Torrejoncillo aplican bordados dibujando ramos de uvas que alternan con lentejuelas, cordón de seda, raso, terciopelo y abalorios multicolores figurando hojas de parra y mariposas.
Según destaca María Fernanda Sánchez Franco, el color más popular en la actualidad es el azulón, como la pieza que exponemos, si bien ha vuelto a trabajarse el morado después de haber desaparecido durante varias décadas. Al mismo tiempo, al ser cada vez más difícil encontrar en el comercio el tejido de lana llamado merino, progresivamente ha ido siendo sustituido por otro más ligero llamado Viyela.
La denominación del pañuelo de Gajo le viene dada por la decoración que exhibe: según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, el gajo es un “racimo apiñado de cualquier fruta” o “cada uno de los grupos de uvas en que se divide el racimo”, y efectivamente el motivo principal de los bordados son los racimos de uvas, hojas de parra, zarcillos y mariposas, que le dan un aspecto lujoso y festivo y convierten la prenda en un elemento de prestigio para la propietaria.
Es bien conocida la importancia que Torrejoncillo tuvo en la fabricación de paños, y hay que señalar que, junto a la artesanía del pañuelo de Gajo se conservan en esa localidad otras actividades vivas como la alfarería, la orfebrería o la fabricación de calzado. La pieza que exponemos ha sido realizada por una de estas artesanas torrejoncillanas, Dña. Sagrario Alviz Serrano, y donada al Museo de Cáceres por el Excmo. Ayuntamiento de Torrejoncillo.
lunes, 8 de febrero de 2010
XIII Ciclo de Conferencias
Jueves, 11 de Enero de 2010
Conferencia a cargo de Dña. Pilar Barrios Manzano
Dentro del XIII Ciclo de Conferencias del Museo de Cáceres, organizado en colaboración con la Asociación "Adaegina" Amigos del Museo de Cáceres, ofrecemos el próximo día 11 de Febrero la charla "Danzas rituales de Extremadura", que correrá a cargo de Dña. Pilar Barrios Manzano, Catedrática de Didáctica de la Expresión Musical en la Universidad de Extremadura.

La Doctora Barrios compagina la investigación musicológica con la didáctica musical, explicando un curso de doctorado en la Uex sobre "Patrimonio musical extremeño e iberoamericano y su didáctica"; es además autora de numerosas publicaciones referidas al patrimonio musical y dancístico de la región extremeña, entre las que destacan Historia de la música en Cáceres, 1590-1750 (1984), "Danza y ritual en la tradición extremeña" (2005), "La música extremeña en la época de Carlos V" (2000), etc.
La conferencia dará inicio a las 19,30 horas en el Salón de Actos del Museo; la asistencia es libre y gratuita hasta completar el aforo de la sala.
viernes, 28 de agosto de 2009
La pieza del mes. Septiembre de 2009
La indumentaria tradicional de la provincia de Cáceres, tiene sus raíces en la forma de vestir cotidiana de las clases populares en los siglos XVIII y XIX. Desde principios del siglo XIX este tipo de vestimenta ha venido experimentando transformaciones, unas consistentes en añadidos de nuevos elementos de lujo y adorno, otras tendentes a homogeneizar los distintos tipos de cada población con el fin de crear el traje típico de cada localidad. Estas prendas continúan su evolución y se estandarizan dando como resultado lo que hoy conocemos como indumentaria extremeña, que se vio también afectada por factores económicos y sociales de la primera mitad del siglo pasado; la carencia económica de gran parte de la población y el interés despertado hacia lo nuevo, favorecieron la reconversión de la indumentaria tradicional en objetos útiles en la incipiente sociedad industrial, dando lugar al desprendimiento de prendas “viejas” por considerarlas de escaso valor y el trueque por objetos de plástico o duralex. Hoy en día los modelos que han sido fijados como indumentaria tradicional de las distintas localidades se continúan vistiendo en romerías, ferias, fiestas patronales, etc. siendo el más conocido de la provincia de Cáceres el traje de mujer de Montehermoso.
Componen este traje la gorra hecha de paja de centeno y adornada con lana de colores y, a veces, un espejito cuando la mujer es joven y con adornos oscuros para las más mayores, prenda propia del traje de diario o trabajo; el pañuelo de cabeza que se usa debajo de la gorra; la esclavina de color negro completamente ribeteada con cordón verde y adornada con cinta de seda roja creando ondulaciones; el jubón negro de satén o raso con puños vueltos bordados y adornados con lentejuelas y abalorios; la mantilla (falda) con pliegues plisados desde la cintura, frecuentemente de color granate (madre de vino) aunque también rojo, amarillo o verde y más corta que las de otras localidades; el mandil negro de lana y listado cerca del bajo en azul y rojo; la faltriquera o limosnera de lana de colores atada a la cintura; las cintas sígueme pollo, bordadas y decoradas con lentejuelas que se suelen colocar prendidas en la cintura cayendo sobre la mantilla; las medias que en Montehermoso siempre son de color azulón; y zapatos de piel negra decorados con vistosos colores.
Esta prenda en concreto, es una mantilla roja que en su parte superior cuenta con frunces, pequeños pliegues a la altura de la cintura que van abriéndose hacia la cadera, recogidos por punto de espiga y punto ruso en azul. Se observan también las típicas “lorzas” (alforzas) del traje de Montehermoso, pliegues horizontales que se sitúan justo por encima de la franja inferior, la llamada cuarta del Obispo, que está decorada con guirnalda floral bordada, algo excepcional en estas prendas. El forro interior, de unos quince centímetros, es de color amarillo. Perteneció a un traje de diario o medio traje, que solía llevarse con pañuelo de Manila o estampado, de la familia Pérez Enciso de Plasencia.
El número de mantillas que componen el traje típico de montehermoseña puede variar según la ocasión. Los trajes de diario solían contar con dos o tres faldas de diferentes colores para ganar vistosidad en el traje, mientras que un traje de novia podía llevar siete mantillas, por lo que la novia debía ser ayudada por una amiga para sostenerse, tal es así, que si no se mareaba durante la ceremonia era considerada toda una heroína.





