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lunes, 1 de agosto de 2011

La pieza del mes. Agosto de 2011


Llave andalusí

Siglos XII-XIII

Provincia de Cáceres

Desde su origen las personas han sentido la necesidad de proteger sus viviendas: la llave, el objeto que abre y cierra, tiene un alto contenido simbólico más allá de lo puramente funcional: es San Pedro el que porta las llaves del cielo, quien abre la puerta de la vida eterna, y son las llaves de una ciudad su símbolo de hospitalidad más importante.

Las primeras llaves aparecen en el mundo egipcio, y estaban formadas por dientes que al introducirse en la cerradura haciendo palanca, desplazaban las distintas clavijas, sin necesidad de girar la llave. El mecanismo se fundamentaba en el tamaño y número de dientes y la distancia entre sí que tenían que coincidir con las clavijas de la cerradura.

En el mundo romano también existían las llaves con dientes, que mediante un movimiento vertical hacían coincidir los dientes con los orificios internos, seguidamente se desplazaba la llave horizontalmente para desbloquear el pasador interior de la cerradura. Los anillos con llaves incorporadas fueron muy populares tanto en hombres como en mujeres y correspondían a pequeñas cajas y cofres.

Otras llaves eran planas con calados en la hoja en lugar de dientes lo que obligaba a que los orificios coincidieran con el interior de la cerradura y al desplazar la llave verticalmente, si coincidían, el pestillo se elevaba y se abría la puerta.

Los modelos de llaves de al-Andalus, eran similares a los usados en el norte de Europa, mucho más complejos. En el extremo de la llave estaba el paletón donde se disponían los dientes, según su disposición la llave podía entrar o no en la cerradura. En el interior de la cerradura la llave giraba gracias a que los espacios libres del paletón no encontraban obstáculos ya que debían de coincidir con los del interior de la cerradura, en el final del giro los dientes desplazaban la cerradura y ésta se abría.

Esta llave ingresó en el Museo de Cáceres a principios del siglo XX probablemente procedente del término municipal de Cáceres. Es de hierro y de sección cuadrada; el ojo es circular sin decoración y se une al ástil, también denominado tija, en su parte más gruesa, su función es la de poder sujetar la llave y girarla para abrir la cerradura. El ástil es de sección cuadrada y va disminuyendo su grosor desde la unión con el ojo hasta el otro extremo que es más delgado; en el otro extremo está el paletón en forma de S que se une a la tija en un solo punto dejando espacios libres o guardas. En el extremo exterior del paletón se encuentran tres dientes separados entre sí.

La tradición cuenta que los judíos y musulmanes expulsados en la España medieval, portaron con ellos las llaves de sus viviendas, que guardaron durante generaciones, con la esperanza de volver y abrir una vez más sus casas.

martes, 1 de febrero de 2011

La Pieza del mes. Febrero de 2011


Hanukiyá
Siglos XIII-XV
Convento de San Vicente Ferrer. Plasencia

Hanuká o la Fiesta de las Luces, es una celebración judía que tiene lugar a finales del mes judío de Kislev, mes de diciembre, y se celebra durante ocho días. En ella se conmemora el levantamiento de los Macabeos, la derrota de los griegos y la posterior independencia de los judíos en el siglo II a. C., tal y como se relata en el Libro de los Macabeos en el Antiguo Testamento.

El uso de la luz en esta festividad proviene de que la tradición cuenta que para purificar el templo, que los griegos habían convertido al culto a Zeus intentando así que los judíos asimilasen las costumbres griegas, había que encender el candelabro de templo, la menorah, pero apenas había aceite suficiente para encenderlo un solo día, a pesar de ello el aceite milagrosamente fue suficiente y la luz permaneció encendida durante los ocho días que duró la rebelión, y hasta que finalmente ésta triunfó. La hanukiyá es el elemento principal que se utiliza durante la celebración de hanuká.

Es un candelabro realizado en barro cocido vidriado, de base rectangular plana a la que se unían nueve candiles con pie y cazoleta, uno de estos candiles era el de mayor tamaño, denominado samás y es el que servía para encender el resto de los candiles durante los ocho días que duraba la celebración.

La hanukiyá que aquí presentamos fue encontrada durante las excavaciones arqueológicas realizadas en el Parador de Turismo de Plasencia, en el Convento dedicado al fraile dominico San Vicente Ferrer conocido por sus sermones antijudíos, construido sobre los terrenos que ocupaba la antigua judería y sinagoga placentina.

La reconquista de la ciudad en 1186 por Alfonso VIII será el punto de partida de la llegada de los judíos a la ciudad y su posterior expansión por la diócesis. Su total integración en las comunidades que los acogían, así sus casas, o ajuares domésticos eran los mismos que sus vecinos cristianos, hacen difícil rastrear su pasado más allá de los archivos o la tradición popular. Es en el mundo litúrgico, en los edificios religiosos o en los cementerios donde se encuentran los restos arqueológicos que diferencian a esta comunidad.