martes, 2 de abril de 2013
La Pieza del mes. Abril de 2013
lunes, 19 de noviembre de 2012
Conferencia. El retablo en la Diócesis de Plasencia, siglos XVI-XVIII
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Conferencia. El retablo de Morales de Arroyo de la Luz. Una nueva visión
lunes, 26 de marzo de 2012
Ciclo de Conferencias "Historia y Patrimonio cultural de Cáceres"
miércoles, 21 de marzo de 2012
Ciclo de conferencias "Historia y Patrimonio cultural de Cáceres"
jueves, 5 de enero de 2012
La Pieza del mes. Enero 2012
lunes, 4 de abril de 2011
La Pieza del mes. Abril de 2011

Portapaz con la Virgen Madre
Bronce y esmaltes
Siglo XVI
El portapaz es un objeto religioso cuyo uso estaba destinado a los fieles que se lo pasaban entre ellos para besarlo en el momento de la misa en que se daban la paz. Son piezas pequeñas que no suelen medir, en los casos mayores, más de 12 ó 15 cm. de alto y algo menos de ancho.
Los más antiguos portapaces que se conservan en los tesoros de las iglesias datan del siglo XV y presentan, naturalmente, las maneras góticas; sin embargo, la época que más ejemplares nos ha legado corresponde a los siglos XVI y XVII, periodo en el que el portapaz se desarrolla plenamente y durante el que su tipología va cambiando según los modelos arquitectónicos de cada momento.
Tipológicamente parece ser que los portapaces derivaron, en sus comienzos, de los relicarios en forma de edículos, pues este aspecto presentan los primeros ejemplares de época gótica, formados por una pequeña hornacina o placa en la que se sitúan las figuras de bulto, enmarcadas por pilastras y cubiertas con doselete. Tanto relicarios como portapaces dependían claramente de las formas arquitectónicas.
La existencia del portapaz durará hasta finales del siglo XVIII o comienzos del XIX, pues los postreros ejemplares conocidos corresponden al último rococó, o más raramente al primer neoclásico, pero no parecen encontrarse portapaces posteriores a mediados del siglo XIX, quizá por la caída en desuso de darse la paz públicamente durante la misa.
El portapaz del Museo de Cáceres es de bronce esmaltado y presenta a la Virgen Madre con el Niño; la Madre de Jesús viste túnica azul con remate en granate. Está representada de medio cuerpo y sujeta con la mano izquierda al niño desnudo. Ambas figuras, en relieve, aparecen nimbadas y sobre una luna creciente. Se encuadran en un templete arquitectónico, de estilo renacentista, coronado por tres frontones curvos, el central de mayor tamaño y con un crucifijo, que apoyan sobre dos columnas con el fuste esmaltado en azul.
En la parte trasera presenta un asa, por donde se cogía para pasarlo de un fiel a otro. En el Museo Lázaro Galdiano de Madrid se conserva un ejemplar prácticamente idéntico a éste, que viene siendo fechado en el siglo XVI y atribuido a escuela española, lo que nos ayuda a datar el portapaz que exponemos en la citada centuria.
Esta pieza apareció casualmente en una escombrera cercana a la ermita de la Estrella, en Salvatierra de Santiago en los años 90 del siglo pasado, siendo donada al Museo de Cáceres por Don Marcelino Moreno Morales en 2010.
martes, 16 de noviembre de 2010
XIV Ciclo de Conferencias
Organizado por el Museo de Cáceres y la Asociación “Adaegina” Amigos del Museo de Cáceres
Jueves, 18 de Noviembre de 2010. 19,30 horas
“Juan de Montejo, escultor del último Renacimiento. A propósito del San Lucas del Museo de Cáceres”
Por D. Luis Vasallo Toranzo, Profesor de Historia del Arte de la Universidad de Valladolid
martes, 28 de septiembre de 2010
La Pieza del mes. Octubre de 2010
Cruz de altar
Finales del siglo XVI-principios del XVII
Madera, nácar y tinta negra.
44,4 x 18,8 x 9,2 cm.
La cruz del Museo de Cáceres, ingresada en 1919 como parte del legado testamentario de D. Vicente Paredes Guillén, presenta un basamento en forma de tronco de pirámide asentado en tres pequeños cilindros, y otros tres en cada uno de los lados del basamento. En la parte superior descansa la cruz propiamente dicha. Su brazo vertical presenta dos cilindros en la parte inferior, dos en la parte media y tres en la superior, al igual que los extremos de los brazos horizontales, formando así cinco cruces, dando lugar a la denominada Cruz de Jerusalén. Estos cilindros están decorados con bases geométricas de nácar cuya decoración consiste en rombos con dos tipos de incisiones, resultando una figura similar a un copo de nieve. Todos los cilindros producen la sensación de adornos circulares o volutas.
La decoración de la cruz se basa en la técnica de la taracea con nácar. En el basamento, dentro de un óvalo, aparece la figura de San Buenaventura portando un árbol en la mano derecha y sosteniendo lo que podría ser un rosario en la izquierda, rodeado de flores y los motivos geométricos de los cilindros, y todo enmarcado por una cenefa de motivos geométricos.
En el centro de la cruz aparece Cristo Crucificado, de tres clavos y cubierto con paño de pureza anudado a la cadera cayendo por el lado izquierdo. Enmarcado por una cenefa de motivos geométricos, sobre él, en una pequeña madera incrustada, vemos la inscripción INRI y, encima, la representación circular del emblema franciscano, los brazos cruzados de Cristo y San Francisco (con el hábito) y la cruz entre los dos brazos en la parte superior de estos. Significa la conformidad de San Francisco con Cristo: el crucificado del Alverna y el crucificado del Gólgota.
Debajo de Cristo aparece la Virgen con una sola espada que le atraviesa el pecho, haciendo alusión a la profecía de Simeón que el día de la Presentación de Jesús en el Templo, le anuncia a la Virgen que una espada de dolor le atravesará el alma. En el siglo XV se pasa de una espada a siete, correspondiendo con los siete dolores que la Virgen sufre por su hijo.
Entre ambas figuras se muestra un círculo con la Cruz de Jerusalén. Surgió como escudo de armas del reino de Jerusalén (1098) cuando la Primera Cruzada capturó la ciudad santa y eligió a Godofredo de Bouillon, duque de la Baja Lorena, como rey de Jerusalén. Es una cruz grande central con cuatro cruces griegas, una entre cada brazo de la mayor. Un total de cinco cruces representa las cinco llagas de Jesucristo al ser crucificado: dos en las manos, dos en los pies y una en el costado. También se considera que la Cruz grande simboliza a Jesucristo y las cuatro pequeñas a los cuatro evangelios proclamados en las cuatro esquinas de la tierra, comenzando en Jerusalén.
martes, 3 de agosto de 2010
La Pieza del mes. Agosto de 2010

Cerámica vidriada
Convento de San Benito (Alcántara). Siglo XVI
Se denomina olambrilla a un tipo de azulejo pequeño y cuadrado de medidas comprendidas entre 8 y 10 centímetros de lado.
La olambrilla del convento alcantarino está realizada con la técnica de arista, surgida probablemente en el último tercio del siglo XV en Sevilla, y que consistía en imprimir el dibujo de un molde o matriz presionándolo sobre el barro fresco. Las aristas resultantes impedían que los óxidos con los que se coloreaban los azulejos se mezclaran durante la cocción. La facilidad y rapidez de esta técnica provocó el progresivo abandono de la técnica de la cuerda seca e impulsó la actividad en los talleres de alfarería o alfares de Sevilla, Granada, Muel y Toledo.
La técnica de arista también supuso la introducción de nuevas imágenes decorativas de estilo renacentista y la aparición de nuevos tipos de azulejos como los verduguillos, piezas rectangulares que servían de marco a los zócalos y suelos, y los azulejos “por tabla”, destinados a decorar artesonados.
La pieza que comentamos formaba parte del desaparecido suelo o solería del refectorio del Convento de San Benito, estancia en la que se mostraba combinada con ladrillos, como describe Alonso de Torres y Tapia en 1763 en su Crónica de la Orden de Alcántara.
Ésta y otras olambrillas con motivos vegetales y figurativos de la misma procedencia donadas por Antonio Floriano al Museo de Cáceres en 1917, dan idea del variado programa iconográfico de la solería del refectorio, del que aún se conservaban algunos restos en 1961, según la información aportada por Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros.
El tema del león rampante fue muy repetido en vajillas y azulejos de arista y cuerda seca de talleres sevillanos y toledanos, y en azulejos de superficie plana de Talavera de la Reina y Manises en Valencia, aunque consideramos que esta pieza fue realizada entre 1505 y 1575, fecha de construcción del Convento de San Benito de Alcántara, y en alfares toledanos, por la similitud de sus colores con otras obras realizadas en esos mismos talleres.
La bóveda del refectorio del Convento de San Benito de Alcántara protagonizó un hecho curioso cuando fue ofrecida en 1930 por el precio de 14.000 dólares al magnate norteamericano William Randolph Hearst, que inspiró al personaje protagonista de la película Ciudadano Kane. Esta oferta fue finalmente rechazada, a diferencia de la techumbre de la biblioteca, que fue adquirida por el magnate en ese mismo año por 6.000 dólares.
martes, 29 de junio de 2010
La Pieza del mes. Julio de 2010
“San Lucas”
Juan de Montejo. (ca. 1590)
Madera policromada. 39 x
El escultor Juan de Montejo (¿?-1601), activo en las actuales provincias de Salamanca, Zamora y Valladolid durante el último tercio del siglo XVI, está siendo reconocido en las últimas décadas como uno de los principales imagineros del Renacimiento del occidente castellano en su época. Nacido en el seno de una familia de artistas salmantina, su arte deriva directamente de las propuestas de Juan de Juni, aderezadas con aportaciones romanistas.
Instalado en la ciudad de Zamora después de una estancia en Fuentesaúco, se convertirá en el principal escultor de la ciudad, superando al tradicional y acomodaticio Juan Falcote. La etapa central, aquella más fructífera de su carrera, la desarrollará en la ciudad del Duero, que finalmente abandonará para instalarse en Salamanca, desde donde atenderá encargos en la propia Zamora y en las vicarías salmantinas de Alba de Tormes y Medina del Campo. Precisamente sus labores para la actual villa vallisoletana le pusieron en contacto con algunos de los principales representantes del último romanismo escultórico, caso de Adrián Álvarez, Pedro de
A pesar de ello, en alguna ocasión su arte ha sido relacionado con la escultura riojana, sobre todo con la del entorno de Arbulo y Juan Fernández de Vallejo, donde se ensayó la misma apariencia popular en los tipos humanos, similares cabelleras ensortijadas y ropajes de voluminosos pliegues. Una de esas obras de Juan de Montejo, vinculada por la crítica con la tradición riojana, es un pequeño relieve de San Juan Evangelista presente en el Museu Marès de Barcelona. Formaba parte de un retablo para el que se tallaron todos los evangelistas, dos de los cuales, San Marcos y San Mateo, se encuentran en la colección del Lázaro Galdiano, mientras el cuarto, San Lucas, se localiza en el Museo de Cáceres.
En esta pieza cacereña, ingresada en nuestro Museo después de la última guerra civil por el Servicio de Recuperación Artística, se resumen algunas de las características del arte de Montejo. De Juni toma ese nerviosismo que mueve su cuerpo y genera su intensa mirada, mientras de los romanistas adopta el grave rostro de progenie miguelangelesca y los voluminosos y pesados ropajes que lo monumentalizan. Éstos se desarrollan artificiosamente, ocultando prácticamente el animal que lo identifica, y rodean al evangelista que queda enmarcado en un nítido perfil cerrado. La policromía original, dañada por los numerosos traslados y peripecias sufridos por la pieza, espera una limpieza que permita recuperar el brillo de las carnaciones a pulimento y los matices de los esgrafiados.
La fuerte personalidad de Montejo lo alejó de la congelada escultura practicada en los dos principales focos romanistas del occidente castellano: el leonés y, sobre todo, el vallisoletano, donde, como consecuencia de la directa influencia ejercida por el academicismo de Gaspar Becerra y, sin duda, como reacción a los abusos expresivos derivados de Berruguete y del propio Juni, se adoptó un clasicismo que ocultaba las pasiones humanas detrás de gestos y posturas estereotipadas. En Montejo, por el contrario, se mantuvo siempre un sustrato juniano que conseguía tensar las figuras y dotar de alma a la madera; dando lugar a unas fórmulas que se constituyeron en fundamento del arte de Sebastián Ducete, el último gran representante de la vía juniana en Castilla antes del triunfo del primer naturalismo barroco.
Texto: Luis Vasallo Toranzo
sábado, 6 de marzo de 2010
XIII Ciclo de Conferencias
Jueves, 11 de Marzo de 2010. 19,30 horas
Por D. Francisco Sanz Fernández, Profesor del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Extremadura

El próximo jueves, 11 de marzo, a las 19,30 horas, el Museo ofrece la conferencia de Francisco Sanz Fernández sobre aspectos esenciales de la obra del pintor de la escuela castellana Fernando Gallego, como son la composición, la perspectiva y el tratamiwento del paisaje.
Fernando Gallego es un pintor que trabaja en Extremadura y Castilla en el último tercio del siglo XV y primeros años del XVI, y está considerado como uno de los más representativos de la corriente hispanoflamenca; entre sus obras destacan el retablo de San Ildefonso en la Catedral de Zamora, la bóveda de la biblioteca de la Universidad de Salamanca, las tablas de Arcenillas (Zamora), hoy dispersas entre Arcenillas, el Museo Catedralicio zamorano y el Museo de Bellas Artes de Asturias, el retablo de San Lorenzo en Toro, el retablo de la Catedral de Ciudad Rodrigo (hoy en Tucson, Estados Unidos)y por supuesto el retablo mayor de la iglesia de Santa María de Trujillo.
En cuanto al conferenciante, Francisco Sanz Fernández (Cáceres, 1976) es doctor en Historia del Arte por la Universidad de Extremadura; su tesis versó sobre "El desarrollo arquitectónico y urbanístico de la ciudad de Trujillo durante el siglo XVI", estudio que acaba de ser publicado por la Junta de Extremadura.
Máster en Restauración y Rehabilitación del Patrimonio por la Universidad de Alcalá de Henares, comparte su labor docente en la Universidad de Extremadura con la investigación en análisis teóricos sobre arquitectura y mentalidad urbana durante el Renacimiento. Ha profundizado en la investigación de la obra de Fernando Gallego y de sus discípulos y colaboradores, publicando diversos libros y artículos sobre ello.
Ha sido galardonado con diversos premios de investigación, como el de Jóvenes Investigadores de la Fundación Xavier de Salas (2001 y 2003), o el de la Fundación Obra Pía de los Pizarro (2002 y 2006).
Entre sus publicaciones destaca Fernando Gallego y su taller en el Altar Mayor de Santa María de Trujillo. Circa 1490 (2008); Corpus de alarifes, Carpinteros de lo blanco, canteros y maestros de cantería activos en Trujillo durante el Renacimiento (2009); el referido Paisaje, percepciones y miradas urbanas de una ciudad del Renacimiento (2009), etc.
En la actualidad está terminando una novedosa investigación sobre el color en la arquitectura trujillana y altoextremeña del Renacimiento, en la que verán la luz algunos de los conjuntos arquitectónicos esgrafiados más monumentales y desconocidos del panorama nacional.
lunes, 15 de febrero de 2010
XIII Ciclo de Conferencias
La esclavitud en ExtremaduraJueves, 25 de Febrero de 2010
Conferencia a cargo de Dña. Rocío Periáñez Gómez
A lo largo del estudio que se expondrá, se revela la importancia de la región extremeña como foco de presencia de una considerable población esclava en la Edad Moderna y de un activo punto de comercio esclavista a escala nacional situado en Zafra. Además, la autora ha tratado de dar a conocer aspectos importantes del fenómeno como el número de esclavos que hubo, su origen y precio, el trabajo que realizaban, el perfil de sus propietarios, el concepto social que se tenía de los esclavos y el proceso de liberación al que algunios de ellos pudieron acceder.
Rocío Periáñez es autora, además de la tesis citada, de un buen número de artículos sobre la criminalidad y la esclavitud en la Extremadura del Antiguo Régimen, entre los que destacan "La mujer esclava en la Extremadura de los tiempos modernos", "Cervantes, un cautivo entre cautivos", "Esclavos y libertos ante el Tribunal de la Inquisición de Llerena en el siglo XVI", etc.
La asistencia a la charla es libre y gratuita hasta completar el aforo de la sala.
martes, 2 de febrero de 2010
Las tablas de Morales de San Martín de Trevejo
Exposición, del 2 al 14 de FebreroSalón de Actos del Museo

Las tablas expuestas muestran modelos utilizados en los últimos años por Luis de Morales, y en ocasiones se percibe la colaboración de los oficiales de su taller. El Padre Eterno aparece representado en la figura tradicional de un venerable anciano barbado, portando en su mano izquierda un globo terráqueo ornado con la cruz, mientras levanta la diestra en ademán de bendecir. Viste túnica blanca y manto rojo, y responde al modelo utilizado habitualmente en el taller de Morales para efigiar a San José o al sacerdote que oficia en las diversas versiones de la “Presentación en el templo”. Muestra similitudes con la tabla de la Ascensión en Arroyo de la Luz en las manos, que serían realizadas por algún ayudante, ya que se alejan levemente de la finura habitual del maestro, y en la expresión del rostro, que muestra cierta congoja entre las abullonadas formas del manto.
En las calles laterales del retablo se ubicaban los santos. San Miguel Arcángel, vestido como un soldado romano con túnica blanca y una loriga dorada de imbricada ornamentación, aparece atravesando con su lanza la figura monstruosa del diablo, que se revuelve a sus pies. San Matías Apóstol aparece de pie, con las piernas cruzadas, al modo manierista, sosteniendo un libro en su mano izquierda, mientras que en la otra porta una lanza o pica. Viste túnica verdiazul y un manto carmesí de amplios y acusados pliegues. Sobre el dibujo y el conjunto de las figuras, donde detectamos la mano de oficiales del taller, destaca el tratamiento del color, en el que adivinamos las buenas maneras de Morales, que a pesar de sus años -contaba ya con setenta y seis- sigue mostrando la maestría que le caracterizó.
Las tablas se exponen antes de regresar a San Martín de Trevejo, después de que han sido objeto de un tratamiento de restauración por la empresa cacereña Gótico Restauración, por encargo del Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Extremadura. Nuestro agradecimiento al Obispado de Coria-Cáceres y al Excmo. Ayuntamiento de San Martín de Trevejo.
martes, 22 de diciembre de 2009
La Pieza del mes. Enero de 2010
Coronación de
Anónimo de
Óleo sobre tabla. 83 x
El tema de
En esta ocasión,
En el marco, que parece ser también de la época, se puede leer el texto del canto para la fiesta de
Ramos Rubio atribuye esta obra al pintor Juan Fernández Rodríguez, documentado hacia el año 1538. Son escasas las referencias biográficas que se conocen de este artista; según datos de Sanz Artibucilla, son obra suya el retablo de San Lorenzo (1537) de la catedral de Tarazona y los retablos de Santa Lucía y de
Este tipo de representaciones era muy habitual en Cuenca en pintores como Martín Gómez “el Viejo”, su hijo Gonzalo Gómez y su círculo, extendiéndose la influencia por la región hasta finales del siglo XVI. En esta Coronación de
La obra fue adquirida por




